Hoy la sociedad, necesita urgente que se tome muy en serio la formación que reciben niños y adolescentes en el ámbito de la convivencia. Este es un tema en el que todos debemos ayudar.
Los propios contextos sociales son, en bastante grado, violentos y los ejemplos que los adultos damos a los jóvenes insensibilizan y predisponen a considerar la violencia como parte natural de la sociedad. Hace pocos días hemos vivido con dolor un hecho aberrante, en una fiesta de jóvenes. La violencia forma parte del ritual del baile, de la alegría porque se piensa que sin ella no hay fiesta. Otro aspecto a considerar es la actitud de ciertas familias donde está presente el desamor, entendiéndose por él al sistema de destrucción que azota a niños y jóvenes. No se trata de una simple ausencia de amor, es una violencia constante que no solamente padecen, sino que también interiorizan.
Hay muchas preguntas retóricas, es decir sin respuestas. ¿Cómo no saber dónde están nuestros hijos?, ¿quiénes son sus amigos?, ¿qué espacios visitan?, ¿hay un responsable adulto en lugares privados de diversión? Los padres no pueden ignorarlo, si así sucede, es porque hay falta de valores, límites o modelos a seguir.
Los conflictos mal resueltos pueden conducir a la violencia o agresión. Cuando se resuelven en beneficio exclusivo de unos y perjuicio de otros, originan frustración o crean resentimiento. La respuesta violenta es más fácil a los conflictos, es decir se produce por "defecto” y es preciso conocer estrategias, mantener actitudes y valores por la paz para "ir más allá” de la respuesta violenta.
En estos últimos tiempos, la escuela se ha convertido en centro de atención social, y en espacios para los medios de comunicación. Ya son muchos los sectores e instancias sociales que alzan las voces avisando aspectos relacionados con el deterioro de las relaciones humanas.
La violencia muchas veces puede obedecer también al resultado de la presión grupal que son las mismas que se desencadenan entre individuos si bien, bastante más complejas. Cabe destacar que la "violencia familiar” también es un profundo deterioro de las relaciones humanas. Impide establecer relaciones positivas y saludables. Muchas veces desde la escuela se tiende a colocar el problema "afuera” en la sociedad, en los medios, y no se llega a entender el problema en su compleja dimensión institucional. Mucho hay que hacer en los ámbitos familiares y educativos para contribuir a la disminución de la violencia. Ella, desdibuja la escuela
Hoy la agresión, violencia y bullying está presente en todas las clases sociales, a su vez influye en el contexto en el que se produce. Allí reduce la calidad de vida de las personas, dificulta el logro de la mayoría de los objetivos y hacen que aumenten los problemas y tensiones que la provocaron, activando así, un proceso escalonado de gravísimas consecuencias, como el caso de Santa Lucía.
Tolerar el desasosiego que produce la reiteración de casos en determinados comportamientos generales de niños y jóvenes, resulta inquietante para los adultos, quienes no se reconocen a sí mismo en la transmisión autorizada de las violencias.
Es imperiosa la necesidad que tanto "familia” y "escuela” reflexionen y se propongan escuchar e iniciar el diálogo con niños y jóvenes. El objetivo del educador, es el de formar ciudadanos y no máquinas tecnológicas, seres pensantes y autocríticos, otorgándoles las herramientas esenciales que les permitan articular el sentir, el pensar, con el ser y hacer.
(*) Licenciada en Letras. Escritora y Productora del programa Botica Educativa-LV5 Radio Sarmiento.
