En todas las profesiones convergen impulsos tradicionales y renovadores. Más aún: cada individuo mantiene dentro de él tanto instintos conservadores como revolucionarios, que pugnan por imponerse. Los docentes no son una excepción. El impulso creativo genera una sed de innovación que hace que el profesor viva una constante crisis interior desde donde va haciendo crecer los límites de una educación posible. En lo profundo, sin embargo, también hay una nostalgia por evocar al viejo maestro -aquel de actitud señorial y clases magistrales- que mira para atrás en la historia con el latiguillo de que todo tiempo pasado fue mejor. 

En esta puja se concentraron los principales combates por la educación a distancia, tanto en la Argentina y el mundo, como en la Universidad Nacional de San Juan, en particular. En este caso, la epopeya podría mirarse ya desde el mismo origen de nuestra casa de estudios (1973, como reza su escudo), ya desde el tiempo de las grandes innovaciones, o bien desde este año difícil, en que la pandemia provocó fuerzas creadoras impensadas. 

Si algo rescatable trajo consigo un acontecimiento tan trágico como la pandemia es que el ingenio está creando alternativas que llegan para quedarse y que van a hacer de nuestras conductas, de nuestras instituciones, herramientas de cambio eficientes y duraderas.

El avance que se había experimentado gradualmente en algunos estamentos fueron puestos en funcionamiento a pesar de que no estaban definitivamente probados. Algo parecido a lo que ocurrió con los hospitales, la farmacopea y las vacunas en tiempos de pandemia. Varias rendijas del sistema comenzaron a hacer agua. La mayoría, generalmente las pequeñas, pudieron sellarse con decisiones rápidas. Otras mostraron problemas de fondo que movilizaron al Consejo Superior, el Rector y los Decanos actuales, a tomar cartas en el asunto.

Muchos estudiantes carecen de dinero para contar con herramientas tecnológicas básicas, tales como computadoras, teléfonos celulares adecuados y hasta paquetes de datos para navegar. Es necesario cubrir este déficit para evitar que los perjudicados vuelvan a ser aquellos que menos tienen.

Aparecen cuestiones nuevas, como la privacidad de los domicilios invadidos por la mirada indiscreta de las aulas virtuales, los cortes de energía, las caídas de sistema, la dificultad de acceso a las plataformas, las nuevas condiciones que impone el "diálogo” en Internet, la dificultad que genera cualquier intento de trabajo común, el acceso a horarios compatibles entre muchas personas, la imposibilidad de formular una pregunta o una intervención en el momento preciso. A esto debe sumársele un conflicto que se ve en todos los niveles educativos: los docentes deben permanecer en su casa. Lejos de ser una ventaja, esto multiplica los esfuerzos. Hay sacrificios que el resto de la sociedad debería experimentar en carne propia para calibrarlos en su verdadera magnitud.

Del mismo modo, para los alumnos la tarea de adaptación es más compleja. Y eso para aquellos que tienen la posibilidad económica de enfrentarla.

A todo lo expuesto se sumó la intensificación de una práctica que irrumpió en los claustros: la elaboración de protocolos. Como en todas las oficinas públicas, como en las empresas, como en las instituciones en general, la epidemia impone nuevas pautas de conducta, aplicables a cuestiones sanitarias, económicas y laborales.

Hemos presentado el flujo compartido de pasado y presente. Sólo cabe una reflexión final: en muchos aspectos el año en curso quedará como algo para olvidar. Sólo en ciertos aspectos muy puntuales habrá que aprovechar la oportunidad. La educación a distancia es uno de ellos. 

En el mundo de pospandemia hay cosas que cambiaron y que nunca van a ser como antes. La UNSJ gano la batalla virtual. ¡No la vayamos a perder después!

 

Por el Arq. Roberto Gómez
Decano de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de San Juan.