Mucho se habla, se escribe y se escucha sobre Responsabilidad Social Empresarial y el papel de la empresa moderna en generar valor compartido; se organizan seminarios, charlas, debates con el mentado nombre mágico. Los detractores, los no convencidos, nos dicen que es “marketing”, o una buena estrategia de RR.PP. No es tanto ni tan poco. La empresa debe y tiene que responder social y ambientalmente a sus entornos, ya se en Argentina, Chile o en Rodesia.
La principal y primera responsabilidad de una empresa, es lograr ganancias para sus accionistas o dueños. Sin dejar de lado esa premisa lógica, en un mundo globalizado, integrado y comunicado, hay que tomar en cuenta el entorno para poder lograr ganancias e incluso para sobrevivir. Los trabajadores, las comunidades, vecinos y stakeholders en general son mencionados como los públicos prioritarios de una buena política de R.S.E.
Sin embargo, se suele olvidar a los proveedores locales y/o pymes, que muchas veces quedan en el discurso y no en la acción. No puede existir un compromiso social y medioambiental, si las grandes empresas mineras, del retail, constructoras, de servicios, etc. no se preocupan de pagar bien y a tiempo a sus proveedores. De tener un trato no privilegiado, sino digno con aquellos que se esmeran en entregar productos de calidad. Una de las primeras responsabilidades que agregarían valor compartido al desempeño de una empresa, es tener y mantener un trato igualitario, respetuoso y efectivo con los proveedores, en especial los locales.
