Cada año se gradúan en nuestro país casi cuatro abogados por cada ingeniero; 11 economistas y contadores por cada especialista en ciencias agropecuarias; 44 médicos por un físico, y 177 psicólogos por cada estadístico. Según datos oficiales, en 2007 se graduaron 17.631 profesionales de la economía y la administración en las universidades estatales y privadas del país, seguidos por 13.298 abogados, 5.236 médicos y 4.698 psicólogos. Pero sólo se recibieron 3475 ingenieros, 1.625 profesionales de carreras agropecuarias, 119 físicos, 26 estadísticos y 9 meteorólogos.
En 2005, la Secretaría de Políticas Universitarias puso en marcha un programa que financia mejoras académicas y de infraestructura en 245 carreras de ingeniería estatales. En total, en el país se dictan 396 carreras de ingeniería, en 21 especialidades. Debemos preguntarnos qué es lo que se necesita en un contexto global en el que el conocimiento científico es la clave del crecimiento y del progreso a largo plazo. Este dilema ya se vivió hace más de un siglo en Argentina. El primer mensaje que envía al Congreso el presidente Julio A. Roca, en 1898 al iniciar su segunda presidencia, subraya la necesidad de fundar colegios y escuelas de agricultura, y demás industrias de inmediata aplicación. En 1900 se enviaron los primeros 20 jóvenes becados a los Estados Unidos para estudiar en escuelas industriales y agrícolas. El entonces ministro de Justicia e Instrucción Pública, Osvaldo Magnasco, preparó un proyecto de reforma del sistema educativo, que entre otras iniciativas contemplaba transformar la mitad de los colegios nacionales en colegios industriales y agrícolas, buscando así vincular el sistema educativo con el mundo del trabajo. Pero este proyecto no fue aceptado en el Congreso.
No obstante, la obra de Roca en su segunda presidencia no se frustró por este obstáculo. Creó las escuelas comerciales de Capital Federal, Rosario, Córdoba y Bahía Blanca; la Escuela Industrial de la Nación; el Instituto de Agronomía y Veterinaria y diversas escuelas prácticas de Agricultura. En el campo universitario se creó el Instituto del Profesorado de Lenguas Vivas y se inauguró el nuevo edificio de la Facultad de Medicina de Buenos Aires. Ha pasado más de un siglo y la debilidad relativa de la Argentina en los estudios técnicos y científicos respecto a las humanidades, sigue siendo mayor.
Resulta claro que se necesita establecer una relación entre la educación y el mundo del trabajo, para satisfacer la creciente demanda de personal calificado y disminuir la emigración de gente capacitada.
