Una noche le dijo un niño a su padre que miraba televisión: "’¿Papi, cuánto ganás por hora?”. "’No me molestes que estoy viendo el partido”, respondió con dureza el padre, mientras se acomodaba en el sillón. Pero el niño insistió: "’Papá, por favor, sólo decime cuánto ganás por hora en tu trabajo”. "’Cien pesos”, contestó el hombre bastante molesto. "’Papá, ¿me podrías prestar cincuenta pesos?”. "’¡Andate a dormir y no me molestés más!”, dijo el padre ya encolerizado porque no podía ver el partido tranquilamente. Y el niño se fue. Luego, con un sentimiento de culpa, el padre fue al cuarto del pequeño y le dijo en voz baja. "’Aquí tenés el dinero que me pediste: cincuenta pesos”. El niño le dio las gracias, metió su manito bajo la almohada, sacó unos billetes y le dijo: "’Ahora ya completé el dinero, tengo cien pesos; papi, ¿me podrías vender una hora de tu tiempo?”.
¡Qué importante es dedicar tiempo a los hijos para educarlos! Es necesario que los padres asumamos responsablemente nuestra misión educativa en la familia. Podemos y debemos educar a nuestros hijos.
En efecto, el ser humano es esencialmente un ser que se ha de educar. Así como en el comienzo de su vida biológica el ser humano está nueve meses en el vientre de la madre formándose, creciendo (útero biológico) así también, necesita estar muchos años en el "’útero espiritual” que es la familia donde crece y madura vinculado a un ámbito humano del cual toma los elementos para su desarrollo madurativo y realización personal. La educación es un proceso que se inicia con el nacimiento y que no termina hasta la muerte. El niño viene al mundo para realizarse como persona y a través de la educación familiar se aprenden las virtudes sociales indispensables para la vida individual y colectiva, donde el hombre aprende a comunicarse, a humanizarse, a autodominarse, a amar y a forjar su futuro; es en la familia donde el hombre adquiere los principios fundamentales de convivencia que luego podrá difundir en la sociedad.
El hombre es un ser sociable por naturaleza y la familia es la dimensión social más propia del ser humano. Por ello, el hombre es un "’ser familiar”. El hombre nace, crece y se educa en el seno de una familia. Es en la familia donde somos queridos y valorados incondicionalmente por lo que somos. Por la familia la persona es introducida en la "’familia humana” que es la sociedad, y en la "’familia de Dios” que es la Iglesia.
Preparar a los hijos para la vida, es educarlos para que sean felices, creciendo como personas en la adquisición de virtudes. La vida del hombre consiste en un esfuerzo constante por ser mejor, por perfeccionarse como persona. Una sociedad anda bien cuando sus miembros son individuos virtuosos y honrados, si obedecen las leyes, si son respetuosos y justos, si procuran el bien común de la sociedad, si practican virtudes fundamentales como la responsabilidad, la honestidad, la idoneidad, la solidaridad, y tantas otras.
¿Qué será de la sociedad del mañana, qué harán los ciudadanos del mañana? Lo que hayan aprendido en su convivencia familiar. La familia debe ser una comunidad de humanización, un auténtico "’útero espiritual” donde aprendemos los valores y virtudes básicas de convivencia. Y en contrapartida, los que en su familia han recibido ejemplos de violencia, delincuencia, despreocupación, corrupción, vicios y desviaciones sexuales, etc., serán posiblemente también ellos transmisores de estas disfunciones en la sociedad.
(*) Bioquímico legista Policía de San Juan. Docente de educación sexual, Instituto Escuela de la Familia, Ministerio de Educación, San Juan.
