Los suelos en las zonas montañosas se ubican sólo en valles y normalmente son de origen aluvional, su formación y características son muy variables en contenido y estructura. A través del tiempo, las corrientes hídricas se originaron en distintos lugares de los desniveles de las montañas y por esa razón, la precipitación de los elementos comienza con los más sólidos y pesados, luego los cantos rodados, la arena gruesa, fina, y finalmente las arcillas.

Las arcillas, según su granulometría, se extendían en las planicies formando en algunos casos lagunas o bañados de gran extensión. Normalmente estas grandes correntadas eran cíclicas y cada vez que se producían dejaban en los bañados un nuevo horizonte e incrementaban los existentes. Esto ocurría en grandes extensiones de los valles, además de existir enormes bancos de arcilla de diversas composiciones.

En estos suelos nacieron los pueblos y se desarrollaron variados cultivos con distintos resultados, ya que los suelos de formación eólica son los de mayor calidad, pero no se pueden explotar por su ubicación y falta de agua. Hasta aquí, la conformación de los suelos desde su origen, sin referirnos a sus características físicas y las consecuencias en la vida vegetal. Los suelos cercanos a las montañas son de formación aluvional, o sea que se han formado a través del tiempo por grandes correntadas o aluviones que dejaron los distintos horizontes de acuerdo a los materiales que arrastraban las aguas. Estos procesos que cuentan en millones de años, son casi iguales a los que ocurren en el presente, aunque de distinta magnitud. Las aguas arrastran los elementos o materiales desde las zonas donde se originan, y posteriormente por donde pasan según los desniveles y por consiguiente la velocidad del liquido. Por lógica, primero quedarán los elementos más duros, pesados y de mayor tamaño y así gradualmente se han formado los suelos desde las profundidades, hasta la actual superficie.

Debemos tener en cuenta que las arcillas de más alto grado coloidal son las últimas que se precipitan; como es lógico, la velocidad de las aguas influía en el tipo de materias que transportaba, y esto determina que en muchas partes de los valles, se haya acumulado arcilla de alto grado coloidal, lo que resulta un grave problema para la fertilidad debido a que ese tipo de material, impide todo intercambio iónico y con ello la vida vegetal. También las arcillas coloidales son en gran parte responsables de la salinización de los suelos, pues a través de cientos de años, pasan por ellas pequeñas cantidades de agua conteniendo sulfato de sodio que la temperatura ambiente la evapora, dejando en la superficie los cristales que se van acumulando, y lo hacen cíclicamente, ya que las napas freáticas en invierno ascienden y en verano descienden dejando en cada ciclo algo más de salinidad en la capa superior del suelo, inutilizándolo

No se podrían dar por terminadas estas consideraciones, si no dejamos establecido que las arcillas de alto grado coloidal sólo son corregibles físicamente siendo hasta el presente lo más eficaz el sulfato de calcio anhídrido en proporción al grado coloidal de las mismas. Este tipo de corrección es definitivo, pues el sulfato de calcio anhídrido flocula los coloides.