‘Primero vinieron por los estibadores, pero yo no protesté porque no era estibador. Después vinieron por los agricultores, pero yo no protesté porque no era agricultor. Después vinieron por los operarios, pero yo no era operario. Después vinieron por los traductores, los periodistas, maestros y los médicos, pero yo no protesté porque no era ni uno ni otro. Ahora vienen por mí y no queda nadie que proteste”, decía Martín Niemoller. Precisamente el emprendedor y tecnólogo Santiago Bilinkis autor del libro ‘Pasaje al Futuro” publicado por editorial Sudamericana, nos narra de manera interesante una guía para abordar el viaje al mañana expresado de forma sintética en estas palabras: ‘No existe una sola actividad que no vaya a verse alterada por las innovaciones que ya se están desarrollando. Y si actualmente sentimos que las cosas cambian rápido, hay que prepararse para una nueva acelerada”.

El autor nos advierte en sus páginas sobre las avances de la ingeniería genética y la ingeniería sintética, que permiten trabajar sobre hijos cuyo genoma incluya fragmentos obtenidos de alguna base de dato genética para prevenir riesgos de salud, cuando la robótica le gana a la biología, la inteligencia artificial de las computaras, la creación de robots que nos acompañan, los autos autónomos, los adelantos tecnológicos actuales, redes sociales, google, internet, el fin del trabajo sistemático, entre otros temas, plantean un gran desafío para construir el futuro. Por lo tanto ‘el desafío de adaptación que enfrentaremos será enorme e impactará directamente en las decisiones cotidianas”, afirma Bilinkis. Además, augura ‘que la biología, medicina, neurociencia, inteligencia artificial, nuestro entendimiento del cerebro, prometen cambios vertiginosos en las próximas cinco décadas”.

No obstante, podríamos reflexionar esta realidad actual en torno a dos preguntas claves: ¿Qué tipo de hombres queremos para el futuro? ¿Estamos preparados para tanto adelanto tecnológico en nuestras vidas? Con respecto a la primera pregunta podríamos afirmar claramente que resulta muy difícil poder frenar el avance tecnológico en este universo actual. Y, en este sentido, es donde queda claro que la edad de las máquinas, aflora en todo su albor. La edad media fue la de ‘la edad del espíritu”, ahora, la posmodernidad corresponde a ‘la edad de las máquinas”. Es que creo que en esta época se usa más de la tecnología y el confort, sobre todo, en aquellos que no han sido alcanzados todavía por la pobreza marginal, y el daño ambiental.

Pero, ¿qué tipo de humanidad queremos a futuro? Protestar ahora ante tanta tecnología y confort parece algo casi irrisorio. Desde la filosofía de Hegel hasta la actualidad lo estético predominó sobre lo ético. El idealismo hegeliano vio al arte en la manifestación de la idea en lo bello o estético, opacando así la idea profunda, que se construye desde lo real o ético. Ello es que el silencio, lo oculto, la paradoja, nos hizo incapaces de reaccionar frente al avance de la realidad de las máquinas sobre nuestras vidas. Y, no porque el avance de la tecnología sea algo malo, sino por los resultados de aceleración, que en nuestra vida produce.

El silencio no otorga al hombre una grandeza real para encontrase con lo ético, que es lo que falta y que debería predominar con la manifestación pura, la del héroe trágico, que lanza la desgracia o la gracia en suerte sobre la vida del otro, cuando desea claridad de acción.

Aquí lo ético correspondería a la felicidad: ¿Seremos felices en tanta tecnología? Con respecto a la segunda pregunta, el adelanto ya casi no nos sorprende, y la tecnología, no nos resulta en demasiado. Ya no queda nadie que proteste. La edad de las máquinas plantea un nuevo tipo de ser humano totalmente nuevo, mitad hombre y mitad máquina, o mitad ético y mitad estético, que exige una adaptación constante.