Gobernantes y funcionarios latinoamericanos, que asistieron a la Conferencia de las Américas, en Miami, escucharon advertencias a modo de consejo, en cuanto a lo que sucede en el plano real de la economía regional.

La vicepresidenta del Banco Mundial para América latina y el Caribe, Pamela Cox, recomendó a los gobiernos que reduzcan los esquemas de subsidios universales e introduzcan reformas impositivas progresivas para aumentar la ayuda social. El organismo estima que por efecto de de la crisis global, este año habrá 10 millones de nuevos pobres en la región, que gasta entre 5 y 10 por ciento del PBI en subsidios cada año, un tercio de lo cual es capturado por el 20% más rico de la población. Si bien el bloque tiene sistemas de asistencia social bastante avanzados, esos fondos podrían triplicarse si los países dejaran de subsidiar a todos.

En Argentina, el Estado subsidia a ricos y pobres por igual en combustibles, electricidad, transporte urbano del área metropolitana, y algunos alimentos producidos a base de granos, entre otras cosas. La economía de los subsidios cruzados surgió a nuestro país con la crisis de 2001. Tras la caída de la convertibilidad y con el dictado de la emergencia económica varios sectores empezaron a recibir fondos para sostener la actividad. En mayo de 2002, durante la presidencia de Eduardo Duhalde, las empresas de colectivos recibieron el primer subsidio de 18,5 millones de pesos, a cambio de mantener la tarifa congelada, en momentos en que el precio de los combustibles se había duplicado. Han pasado siete años y en mayo último, por el mismo concepto, el subsidio al transporte de pasajeros llegó a 345 millones de pesos, o más de 10 millones diarios. Algo similar ocurrió con la energía y otros sectores que se fueron sumando.

Los importes de los subsidios crecieron en los dos últimos años a un ritmo de un 115% por año. Aparecieron las compensaciones a algunas actividades, como la lechería o la producción de cerdos, y también se empezó a subsidiar la producción de trigo y maíz. De este modo, la cuenta de subsidios se hizo cada vez mayor y la diferencia entre los costos y el precio que paga el consumidor, también.

Y lo que es peor aún, es que cada vez resulta más costoso solventar una cuenta que, en el primer semestre de 2009, se llevó el 15% de todos los gastos públicos.