Por Miguel A. Echegaray Aguiar. Escritor.
Concluida la Guerra de las Malvinas fue tremendo el descrédito de las Fuerzas Armadas. La Junta Militar, a cargo de facto del gobierno nacional, necesitaba imperiosamente recuperar la iniciativa política en un momento de enorme descontento popular. En ese tránsito creó una comisión para analizar y evaluar el desempeño de dichas fuerzas en el conflicto bélico del Atlántico sur. Por decreto fechado el 2 de diciembre de 1982, mediante resolución 15/82, durante el gobierno de Reynaldo Bignone se crea la comisión referida. Al documento resultante de ese trabajo se lo denominó Informe Rattenbach.
Después de 30 años, precisamente, el 25 de enero de 2012, la presidenta argentina Fernández de Kirchner, decide crear una "comisión que proceda a la apertura y conocimiento público del informe”. El 7 de febrero reciente hace público el levantamiento del secreto sobre el Informe Rattenbach. Entre otros, la comisión estará integrada por el hijo del Teniente General (R) Benjamín Rattenbach.
La familia del General Benjamín Rattenbach conoce lo que escribió su padre sobre los gravísimos errores de la Junta Militar en el conflicto bélico de Malvinas, pero han manifestado que no conservan ninguna copia. Sin embargo, ya nadie duda de que este informe fue modificado, alterado por los altos mandos de entonces, pero por testigos vivientes que lo conocieron se estima que es posible reconstruirlo con la exactitud inscripto en torno del prestigio y conocimiento ético del General Rattenbach que enalteció el uniforme militar.
Rattenbach fue instalado en el Senado de la Nación (como resulta obvio no funcionaba). Pasado un año y luego de las azarosas jornadas recibiendo declaraciones, el general Rattenbach consideró que el país merecía una explicación acerca de lo que realmente pasó y por qué. La Junta Militar constató el bochornoso acto que surgía del informe y sin consulta, lo archivó. Lo supino es que hay opiniones que aseveran que ni siquiera lo leyeron y hasta se dijo que lo ignoraron. A pesar del mal rato sufrido por el informante ante tamaña indiferencia, terminó el trabajo y lo presentó a la Junta, que prohibió hacerlo público y la documentación fue reservada en el Estado Mayor del Ejército. Fue tan cara y ruin esta decisión de Bignone, que negó a todos los militares la posibilidad, el derecho, de conocer su contenido.
La honorabilidad del General Rattenbach le obligó a exigir las más severas penas para Menéndez, como comandante de las islas, y para Galtieri en su carácter de Comandante en Jefe. Por ahora todo está en una nebulosa. Y el Ejército se encargó de que no trascendiera. Ante la insistencia del autor del informe, le entregaron una copia que no fue textual ya que le cambiaron muchos folios donde constaría ese pedido y lo referente al asunto Astiz cuando firmó la capitulación de las Georgias en el Atlántico Sur. A pesar del hermetismo de quienes construyeron el informe, han trascendido cosas muy terribles con respecto al trato de los superiores hacia los soldados muy jóvenes que vivían aquella tremenda experiencia, pero que debemos confiar que en algún momento se puedan conocer. Ésta es una oportunidad, que por dolorosa y denigrante que sea, no podemos desperdiciar por el honor de miles de militares y soldados que sufrieron por esos "silencios encubridores” el escarnio y el señalamiento.
La guerra muestra los actos deleznables y las bajezas del hombre, pero también rescata el acto heroico, que en este caso los hubo y con creces. Lo terrible de este informe lo imaginamos como espantoso. Pero también creemos que es posible después de conocerlo, comenzar un trabajo necesario que recupere definitivamente a nuestra Fuerzas Armadas al espíritu sanmartiniano y de tantos patriotas que le dieron fundo. Este cambio que se avizora debemos profundizarlo imperiosamente.
