Igual que en la la tragedia de Cromañón, en la noche del 30 de diciembre de 2004 en Buenos Aires, que dejó un saldo de 194 muertos y unos 1.432 heridos, en la fiesta electrónica del sábado pasado en el predio porteño de Costa Salguero, con cinco jóvenes muertos y varios hospitalizados, nada fue casual. Por el contrario, a medida que avanzan las investigaciones se descubre una sucesión de irresponsabilidades y complicidades que aleja a cualquier tesis de lo fortuito.
No son apreciaciones apresuradas de la prensa sino revelaciones del fiscal interviniente en las investigaciones, Federico Delgado, al asegurar ayer que todo hace pensar que en la reunión bailable Time Warp se desarrolló en una verdadera zona liberada donde cada cual podía vender pastillas de alucinógenos por cuenta propia. Es más, confirmó que en ese lugar se toleraba la venta de droga y ahora busca establecer si también se fomentaba el consumo, según afirmó el funcionario judicial.
El letrado puntualizó que casi todos los testimonios coinciden en puntos como el hacinamiento, la cantidad de gente, escasa ventilación, venta de drogas, escasez de agua y falta de atención médica, y no encontró indicios de que haya sido una sola persona la que vendía droga, sino de la existencia de una zona de venta discrecional de pastillas de drogas sintéticas, evidentemente a la vista de todos los controles.
Para determinar la cadena de responsabilidades -seguridad privada, Prefectura y Gobierno de la Ciudad-, basta indicar que la cantidad de asistentes a la fiesta electrónica fue de 20.492 personas, en un local cerrado cuya capacidad máxima permitida es de 7.500 concurrentes. Los testimonios coinciden con esta multitud encerrada en un predio asfixiante, sin suficiente ventilación, asegurando que no se podía caminar por un lugar donde los cuerpos estaban apiñados.
La culpabilidad del empresario Martín Gontad, uno de los referentes en la organización de fiestas electrónicas en la noche porteña, no admite atenuantes no sólo porque intervino en toda la dinámica del acontecimiento y hasta estuvo durante la noche hasta que se desencadenó la tragedia, sino que desde entonces ha desaparecido.
La fiesta electrónica Time Warp y todas las habituales, que afortunadamente han sido prohibidas hasta nuevo aviso, son parte de asociaciones ilícitas que reúnen al narcotráfico y los organizadores de eventos sociales para explotar un infame negocio atrayendo a la juventud con deseos de divertirse sin que esta conozca los riesgos a los que se somete.
