En la reunión llevada a cabo en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica, convocada por la ONU a instancia, principalmente, de países latinoamericanos, quedó muy en claro que el combate contra el narcotráfico en todas sus facetas es considerado perdido por las grandes potencias y las naciones que más sufren ese terrible flagelo que azota a la humanidad.

Las principales agencias informativas y los expertos del mundo se han hecho eco de dicha convocatoria, que tuvo como principales impulsores a México, Guatemala y Colombia, para dejar en claro que todos los métodos utilizados hasta ahora, han fracasado estrepitosamente, en modo particular la estrategia bélica de los Estados Unidos.

No caben dudas que luego de cuatro décadas, los faraones de la droga han pulverizado las pretensiones del mundo organizado de vencer en una lucha desigual, con mecanismos débiles, sin convicciones y regidos por la corrupción que afecta tanto a gobernantes, ciudadanos, empresas, entidades de todo tipo, etc., que nunca pusieron la fuerza necesaria para derrocar a tan poderoso enemigo.

La comunidad internacional llegó a una desalentadora conclusión: ‘Esta guerra fracasó’. Con esa certeza en la mente de todos los presentes, jefes de Estado, diplomáticos y especialistas de todo el mundo se encontraron hace unos días en la Asamblea General de las Naciones Unidas para tratar el Problema Mundial de las Drogas (Ungass, por su sigla en inglés). El principal motivo de la convocatoria, fue consensuar un nuevo enfoque para afrontar el narcotráfico y la drogodependencia, pero los avances, lamentablemente, fueron escasos, o, al menos, habrá que esperar que se concreten en realidades.

A América Latina le tocó el doloroso privilegio de ser la gran protagonista de la importante reunión. Sus presidentes estuvieron participando personalmente de los encuentros para impulsar un enfoque multidisciplinario centrado en la salud pública pero, pese a los ingentes esfuerzos realizados, muy pocas cosas se acordaron para encarar esta lucha, que desangra al mundo.

‘El esquema basado esencialmente en el prohibicionismo, la llamada guerra contra las drogas, que se inició en los años 70, no ha logrado inhibir la producción, el tráfico, ni el consumo de drogas en el mundo’, dijo el presidente de México, Enrique Peña Nieto, en la jornada inaugural. Con una brutal expresión dejó pasmado al auditorio al sugerir la necesidad de ‘actualizar el marco normativo, para autorizar el uso de la marihuana con fines médicos y científicos’.

A su vez, el primer mandatario de Guatemala, Jimmy Morales, sostuvo que las políticas para luchar contra las drogas ‘deben tener congruencia con la declaración de los derechos humanos’ y poner ‘a las personas y no a las sustancias en el centro’. Juan Manuel Santos, el presidente de Colombia, por otra parte, afirmó que ‘no estoy proponiendo la legalización. Estoy proponiendo que cambiemos de enfoque, de prioridades. Porque llevamos más de 40 años en esta guerra contra las drogas y no la hemos ganado’.

Es un aliciente que los Estados Unidos, que apostaron a la militarización durante décadas en la lucha contra el narcotráfico, se está abriendo a un nuevo paradigma. La gestión de Barack Obama dio un notorio giro al destinar por primera vez más recursos a la prevención y al cuidado de las víctimas antes que a la persecución policial de este delito. California y otros estados han ido más allá al presentar propuestas concretas para legalizar y regular la venta de marihuana para fines recreativos.

Por todas estas cosas, queremos creer que la 30ma sesión de la Ungass puede ser una bisagra. Al menos, se aprobó con mayoritario acuerdo el documento final titulado ‘Nuestro compromiso conjunto para abordar y contrarrestar eficazmente el problema mundial de las drogas’.

(*) Periodista