Según los expertos, la población mundial demandará, en los próximos cuarenta años, la misma cantidad de alimentos que ha consumido en toda su historia anterior. El crecimiento poblacional y las mejores condiciones de vida en los países en desarrollo, alentarán al consumo.

En este crecimiento, la Argentina es protagonista como proveedor mundial de alimentos pero, como en todas las naciones agroindustriales, se plantea el desafío de mejorar los rindes para obtener las proteínas vegetales y animales que se van a requerir a mediados de este siglo, con la misma tierra cultivable y el agua actual. Ahora el mundo alberga a unos 7000 millones de habitantes, con la misma dotación de tierras y aguas. Según el ministro de Agricultura de la Nación, Julián Domínguez, las presiones de la demanda mundial de alimentos deben ser encuadradas en un contexto geográfico tal como lo describe la FAO, en donde se asiste a un proceso de degradación de tierras, derivada de las actividades humanas del orden del 18 por ciento. Es así que, desde 1945 hasta la fecha, Europa perdió el 23% de sus tierras cultivables (1/4 del patrimonio del suelo en medio siglo), un claro ejemplo de pérdida de sustentabilidad productiva, mientras la demanda sigue una curva creciente a pesar de las crisis financieras.

Además, en los últimos años se abrió una doble demanda: la de granos con destino a la alimentación y la impulsada por la necesidad de reemplazar el petróleo por energías renovables, donde los biocombustibles tienen una factibilidad probada de aplicación inmediata, frente a otras tecnologías experimentales. Aquí juega un papel vital el cuidado de la tierra, que es un elemento no renovable y que para su aprovechamiento pleno se deben emplear estrategias que impidan el agotamiento de los suelos por la sobreexplotación.

Nuestro país ha dado pruebas irrefutables de mayores cosechas mediante la aplicación de recursos científicos y tecnológicos -métodos de cultivo, semillas, riego artificial y tecnificación- que fueron adoptados por muchas naciones agrícolas, pero lo importante es garantizar la fertilidad futura para que los avances del conocimiento se apliquen utilizando menos tierra, agua y energía. Y observando que el clima puede tornarse más inestable y agresivo: es lo único que no puede controlar la inteligencia humana.