A veces cuando uno menos espera surgen pensamientos que generan presencia. Cuando vamos hacia atrás en el tiempo el recuerdo de personas o cosas nos sea grato o no, tiene una reciprocidad, uno evoca y tiene la respuesta y ella viene con confianza, honestidad que son requisitos ineludibles del recuerdo.
Esos recuerdos del pasado vuelven en cualquier momento. Basta un hecho del presente o una simple palabra para que nos transportemos en el tiempo y en el espacio. Hoy es muy común oír y ver la cesación del trabajo a través de paros, huelgas, justas cuando los reclamos básicos que no son atendidos como corresponde, se transforman en castigo para unos, reivindicación para otros.
Cuando hay cesación del trabajo, olvidamos que por medio de él se dignifica a las personas, un trabajo bien hecho obliga a desarrollar aptitudes, habilidades tanto físicas como mentales. Por eso el trabajo a través del tiempo ha sido considerado como indispensable para la vida.
"El que de niño no empieza a trabajar muy pronto empezará a pedir”, decía Menelao.
Estas consideraciones nos llevan a recordar que en la década del 50, Ovidio Cátulo Castillo, fue el autor del Canto al Trabajo que se cantaba en las escuelas, la letra la compuso Ivanicevich. Es bueno recordar algunas estrofas y muchos volverán a recordar su adolescencia y la vigencia de lo dicho.
"Hoy es la Fiesta del Trabajo/ unidos por el amor de Dios/ al pie de la bandera sacrosanta/ juremos defenderla con honor”./ "Se ennoblece la vida trabajando/ se quiere más la Patria y el hogar/ cuando el sudor bendice nuestra frente/cuando ganamos trabajando el pan…”.
La importancia del trabajo figura ya en el Génesis, al decir: "Comerás el pan con el sudor de tu frente” o lo dicho por san Pablo, "Si alguno no quiere trabajar que tampoco coma”. Esto lo entendieron muy bien nuestros inmigrantes.
Lutero decía que: "Con la vagancia y el ocio son muchos los que se agotan y fenecen, porque el hombre ha nacido para el trabajo, como el pájaro para el vuelo”. Muchos entienden y han atendido que el trabajo es un bien indispensable para el hombre social sin ninguna distinción, en el trabajo encuentra su sustento y no tiene que vender sus principios por la dádiva, como pasó en Roma luego de las Conquistas extra itálicas.
Por todo lo dicho creemos que es bueno recordar a muchos que hicieron honor al trabajo honesto y continuo, lo que les permitió tener adentro de si las llaves para dar y fomentar el mismo. Por ello hoy recordamos a don Manuel Lemos, el fundador del establecimiento de "La Superiora”, en el hoy departamento de Rawson. Supo en su momento plasmar con valor, el respeto y la consideración, avizorando que Rawson tendría un destino de grandeza. Por eso es una obligación recordar lo que representó "don Manuel Lemos y La Superiora” en cuanto a trabajo y producción.
Así lo entendió su nieto José Julio Lemos que con gratitud y cariño y en homenaje a los ciudadanos de Rawson en su 70 aniversario (1942-2012) por intermedio de Mabel González hizo llegar una placa con un fragmento de lo escrito por don Manuel Lemos:
"Será eternamente un mal negocio el de proponerse ganar dinero sin distinción de forma, por el dinero mismo. Lo que da provecho y honra es el saber ganarlo sin artería, mereciendo confianza y sabiendo responder a ella.
La posesión del capital no debe ser considerado como la finalidad de nuestra vida, sino como el medio de poder realizar obras útiles.
Cumplir sin desmayos es el deber contraído; trabajar con alegría, proceder siempre de buena fe; ser merecedores de la amistad desinteresada y firme; he ahí una formula simple de la felicidad”.
Don Manuel Lemos fue consecuente con su pensamiento y obrar por eso su recuerdo tiene una permanente vigencia.
(*) Escritora. Historiadora. Exprofesora de la UNSJ.
