El proyecto Escuelas del Bicentenario fue creado hace más de cuatro años con el objetivo de elevar la calidad educativa en las escuelas primarias públicas, articulando el trabajo del sector privado y el público en un modelo preventivo, buscando que niños en situación de vulnerabilidad no sean excluidos del sistema. Centra la atención en el desarrollo de las principales áreas académicas: lengua, matemática y ciencias naturales; la formación docente y la gestión institucional.

El cuarto informe anual de este proyecto, indica que la repitencia escolar se redujo en un 75% en 20 escuelas que comenzaron con el programa hace cuatro años. Actualmente el programa se implementa en 242 escuelas de seis distritos del país: Buenos Aires, Chaco, Córdoba, Corrientes, Santa Cruz y Tucumán. Abarca a una población de 128.000 alumnos y 4000 docentes y directivos.

La repetición y la deserción escolares son dos fenómenos graves, en la medida en que compromete no solamente el porvenir de los chicos sino la vida y la tranquilidad de toda la población. Para atacarlos, es necesario también, llegar a los hogares más castigados por la pobreza, a fin de sostener los esfuerzos educativos que ellos quieren realizar y para los cuales sus recursos suelen no bastar. En este sentido, también hace su valioso aporte en el país la Fundación Cimientos, que tiene como propósito contribuir a elevar el rendimiento de los alumnos de enseñanza media y reducir el ausentismo que preanuncia el abandono de la escuela.

La colaboración que Cimientos presta en el área de su acción se concreta en tres ejes principales: en primer término, el otorgamiento de becas a los alumnos que lo necesitan; en segundo lugar, el acompañamiento personalizado, como una forma de tutoría y, por fin, el intercambio continuo de la evolución del proceso de apoyo entre las personas intervinientes. El tutelaje posee una función mediadora entre los alumnos, los padres comprometidos con el comportamiento y rendimiento de sus hijos, los docentes y directivos escolares, alentando la autonomía de los jóvenes para resolver los problemas que enfrentan.

Todos debemos colaborar para que la repitencia y la deserción escolar decrezcan. Es que están en juego valores de vital importancia para el futuro de los sectores más desprotegidos y, en un plano más amplio, para el destino de toda la comunidad, pues la convivencia social se resiente cuando hay franjas de la población que no tienen las herramientas culturales necesarias para acceder mínimamente a los valores de la educación y del bienestar.