Desde hace tiempo, distintas ONGs del país piden la aprobación de una ley de talles para que los fabricantes de indumentaria femenina confeccionen prendas en todos los talles que cubran las medidas antropométricas de la mujer.

La ONG "AnyBody”, fundada en Londres en 2003 con el fin de prevenir el deterioro en la salud física y mental de las mujeres en el intento de lograr la perfección física, determinó que en Argentina alrededor del 70% de las mujeres no puede conseguir la ropa que quiere comprar en su talle. Nuestro país se ha consagrado como el segundo, después de Japón, con el más alto porcentaje de bulímicas y anoréxicas. Los médicos estiman que una de cada diez argentinas padece este desorden alimentario como consecuencia de largas hambrunas, que son soportadas con el propósito de alcanzar determinados patrones estéticos, establecidos, en parte, por la moda.

Los profesionales de la salud son los primeros en advertir sobre los riesgos que esta actitud implica para las jóvenes, pero muchas veces predican en el desierto hasta que ya es tarde. Pese a que se aprobó en 2001 y se reglamentó en 2005 para la Provincia de Buenos Aires, el 75% de las marcas no la respeta, según la ONG Mujeres en Igualdad. Por la necesidad de que todas las mujeres, puedan comprar la ropa que desean, también se promulgó la Ley de Talles de la Ciudad de Buenos Aires. A nivel nacional, en 2009, una ley referida a este tema logró media sanción en Diputados y ahora está en el Senado para su aprobación. Santa Fe, Mendoza, Entre Ríos, Santa Cruz y la ciudad de Córdoba tienen ya su propia normativa.

A pesar de la buena voluntad de los legisladores en su afán por poner remedio a una situación de cierta injusticia que alcanza no sólo a las adolescentes, sino que comprende a las mujeres adultas y también, aunque en menor medida, a los hombres y las personas mayores, es cierto que no es con medidas compulsivas como se solucionará este problema, sino propiciando la formalización de acuerdos sociales a los que cada persona o empresa pueda adherirse o no voluntariamente.

Lo que importa es que la comunidad tome conciencia del peligro de esa tendencia enquistada en la sociedad, particularmente entre las adolescentes, a considerar aceptable y bello un cuerpo de mujer extremadamente delgado.