La capacidad operativa de nuestras Fuerzas Armadas tiene niveles históricos de obsolescencia tanto por no cumplir con la renovación y modernización periódica del equipamiento como de los menguados recursos para actualizar al personal. Todos los años, cuando el Gobierno nacional envía al Congreso el proyecto del nuevo Presupuesto, se renuevan las esperanzas de los cuadros militares de disponer de los elementos necesarios para la defensa, pero después se desvanecen las esperanzas del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.
Ahora el Presupuesto 2015 prevé una inversión de 25,2 millones de pesos en el área de Defensa para las políticas dirigidas a modernizar las Fuerzas Armadas y fortalecer su capacidad operacional, con el adiestramiento del personal y el alistamiento de los medios para obtener aptitud y actitud operativa de los sistemas de armas, que posibilite desalentar amenazas que afecten intereses vitales de la Nación.
Sin embargo no menciona la posible adquisición de aviones de combate para reemplazar a los que tienen más de 30 años de servicio y hasta combatieron en Malvinas en 1982. Aún con la compra de cazabombarderos que se dieron de baja en Israel y España, según trascendió, el presupuesto no alcanzaría, igual que para adquirir tanques, hacer mejoras en buques de guerra e incorporar radares para el control del espacio aéreo.
Hay varias metas optimistas, como la producción local de un avión de entrenamiento primario básico, el IA-73-Unasur, la potenciación de los Pucará, el desarrollo de aviones no tripulados (drones) y radares móviles.
Una vez más las expectativas son muchas, pero lo importante es tener certeza de concretarlas.
