Juan Carlos Baglietto con Silvina Garré, dos exponentes de nuestra cultura musical que nos distingue.

Nos arrebataron las estrellas.

Peteco Carabajal y familia, estirpe de grandes escritores, compositores e intérpretes. Por estos días se produjo un incidente entre el artista y la nueva vicepresidente, Victoria Villarroel. Esta llegó al festival de Jesús María cuando el cantante estaba en plena actuación. Carabajal tuvo palabras duras. En mi opinión en los últimos años la política tentó a nuestros ídolos. Nos invadieron la cultura. ¿Será que nunca la tuvimos muy clara? ¿Será que la plata de la política se metió en nuestra música y nuestra poesía para direccionarla definitivamente? Billetera mata galán, mata musas, y si es billetera oficial, mata cultura. A los 17 años no tenía la más pálida idea de lo que significaba la palabra ideología. Pero me emocionaba escuchar a León Gieco con La Colina de la Vida, Solo le pido a Dios, El país de la libertad, Quizás le dancen los cuervos y tantas otras letras inspiradoras de la transparencia juvenil. Miguel Mateos y Tirá para arriba. Victor Heredia y Aquellos soldaditos de plomo; el Viejo Matias. Cuantos campamentos y juntadas. Cuantos encuentros alrededor de un fuego, guitarra en mano con esas poesías interminables de brillantes músicos y pensadores. Era en abril de Juan Carlos Baglieto y dos novios abrazados ante la escena de una familia derrumbada por la muerte de la vida que no pudo nacer. Los juguetes y los niños, Pupitre marrón, Preocupaciones importantes, del dúo Vivencia. Eduardo Fazio y Héctor Ayala cantaban "las cuentas a pagar no dan motivo, para que seas un ser prostituido”. El dúo Fantasía y Corrientes esquina tango. El Oso de Moris. Canción para mi muerte de Sui Generis. Piero y Mi Viejo. Toda una suma teológica era para nosotros, sin duda, nuestro rock nacional. Hasta que un día nos enteramos que uno de los que nos deslumbraron con sus poesías, cobró una suma exorbitante por cantar el himno en la celebración del bicentenario de la revolución de mayo. No puede ser. Algunos dijeron. Pero luego se confirmó la cifra. Una barbaridad, con relación al trabajo realizado. ¿Eso era lo que cantábamos en los 80? Bueno. Será un caso aislado. Otro de nuestros grandes compositores apareció dando una conferencia de prensa al lado del presidente. Todo bien. Estarían firmando para un festival. Después, en una placita de mi provincia, otro ídolo de los 80, cantando. Pero no a capela. Con músicos y muy buenos equipos. ¡Epa! ¿Y esto quién lo banca? No solo era gratis, éramos muy pocos. ¡Buenisimo! Somos exclusivos. Está bien. No es fácil el oficio del artista y es cierto que a veces se sufre mucho con esa profesión. La dictadura militar los trató muy mal. Los sacó del país, a muchos sin motivos. Corrieron a los artistas. Pero ahora había algo peligroso. Se terminaran convirtiendo en punteros políticos de una ideología. De una dictadura encubierta. En mensajeros del pensamiento único disfrazado de cultura. Si. Después pudimos comprobar tarde que el presupuesto oficial había causado estragos. Porque no hay peor daño que someter el pensamiento y la palabra. Mi respeto a los escritores, compositores e intérpretes que nos hicieron descubrir por medio de aquellas letras, el amor, la fe, el patriotismo, la fragilidad humana, el arte y la esperanza para seguir avanzando cuando nuestra juventud se hacía cuesta arriba. La cultura debe ser comunicada de generación en generación y fundamentalmente debe reconocer la dignidad de todos los seres humanos. De esa forma proyectarse universalmente. 

 

Por el Prof. Alberto Escales