La difamación, la descalificación de las personas, o simplemente el menosprecio hacia una figura que ante la sociedad se gana un liderazgo por su actuación descollante, es una costumbre de sectores retrógrados de argentinos que pregonan el daño gratuitamente por mezquindad e intolerancia. Se viene repitiendo con quienes que trascienden las fronteras, incluyendo deportistas brillantes, y ahora no podría escapar a esta costumbre canallesca, denostar la imagen del primer papa argentino y latinoamericano.
Mientras sigue el júbilo mundial por la llegada de Francisco a la Santa Sede, con un perfil austero y pragmático, dispuesto a afrontar la renovación que espera la Iglesia, el Vaticano -por primera vez en la historia- ha difundido un comunicado negando enfáticamente la infamia de una izquierda anticlerical para atacar a la Iglesia, según el vocero papal. Lamentablemente la andanada de críticas que buscan manchar la imagen del Sumo Pontífice, surgen de la Argentina a través de sectores vinculados al denominado progresismo y del enorme aparato de blogueros rentados que ha inundado las redes sociales con viejas sospechas contra Bergoglio, todas acusaciones falsas como lo ha determinado la Justicia. Se repite la maquinaria de difamación activada antes del cónclave de 2005, en iguales términos.
El ex fiscal Julio Strassera, de reconocida actuación en el histórico juicio a las juntas militares, considera una maniobra la intención de sectores del progresismo de vincular a Francisco con la dictadura. "Todo esto es una canallada, absolutamente falso: en todo el juicio no hubo una sola mención y, en el "Nunca Más’ menos, a Bergoglio. En absoluto”, dijo ayer sin ocultar su indignación. También es indignante la provocación de los ex represores sometidos a juicios de lesa humanidad, que se presentaron con distintivos del Vaticano, como si la asunción de Francisco fuese una victoria de sangrienta dictadura.
El fundamentalismo, que no acepta diálogos y consensos, debería reflexionar en el noble gesto del Papa, que mañana recibirá a la Presidenta de la Nación de manera preferencial. Será la audiencia del primer jefe de Estado con el Santo Padre, quien incluso ha invitado a almorzar a Cristina Fernández de Kirchner. Los desencuentros circunstanciales del entonces arzobispo de Buenos Aires con el poder, son propias de prelados que se asumen las luchas sociales.
Los argentinos debemos estar orgullosos y felices porque el papa Francisco es una figura universal elogiada hasta por los no creyentes y en otros cultos e ideologías, todos esperanzados en el consenso y la concordia que predica.
