Lamentablemente hemos observado en las últimas semanas los ataques del grupo "Hamas" a las más importantes ciudades de Israel: los cientos de misiles que se han estado disparando desde la franja de Gaza y que han llegado a Tel Aviv o Jerusalén. Una pena. ¿Expresión oriental de la tercera guerra mundial en "cuotas" como dijera Francisco? Lo más probable.

¿"Guerra Santa"? Es lo que dice el grupo "Hamas". Pero dicha expresión es una contradicción en los términos. Hoy, no más guerra que sea "santa". Es siempre un fenómeno indeseable, injusto, que ha de quedar en el olvido. El hombre con sus profundas diferencias y legado del pasado herido, ha de aprender a dialogar, negociar, proyectar a largo alcance, dibujar un mapa de convivencia serena. Y esto no es pacifismo ingenuo. Es la actitud madura de quienes tienen el mando y saben que un día crecerán sus hijos y no pueden hacerlo en el contexto del odio. El que a hierro mata, a hierro muere.

No se puede hablar de terrorismo islámico o judío. Sí, de un grupo fanático de musulmanes armados que persisten en una lucha que ha de terminar.

Una vez más no es superfluo señalar que no todo el mundo islámico es partidario de la "guerra santa". Es más, no podemos hablar de terrorismo islámico propiamente hablando. Tampoco de terrorismo judío. Sí, de un grupo fanático de musulmanes armados que persisten en una lucha que ha de terminar. ¡Islam no hay uno solo! No lo perdamos de vista. Si buscáramos en los "Suras" del Corán algún texto que invite a la violencia, lo encontramos tranquilamente. Por ejemplo el que cito a continuación: "Una vez expirados los meses sagrados, matad a los idólatras dondequiera que los halléis, hacedles prisioneros, sitiadles y asechadles; pero si se convierten, si observan la oración, si hacen limosna, entonces dejadles tranquilos, pues Dios es indulgente y misericordioso" (Sura IX, 5).

También hay que decir que usar de modo fundamentalista (al pie de la letra sin el contexto que le brinda sentido) un texto que se considera sagrado, no es patrimonio exclusivo de grupos musulmanes. Los hay aún en muchos credos. Pero nada legitima el recurso a lo sagrado para legitimar la violencia obscena. Y esto hay que tomarlo no como una metáfora o expresión de algún deseo. Por eso, cuando en Francia hubo ataques a la provocadora revista "Charlie Hebdó", en la mira de la policía francesa estuvo en la mira no menos de 80 mezquitas de dudosa orientación religiosa-ideológica.

Tampoco hemos de perder de vista que Europa también ha "exportado", en estos años, yihadistas a Medio Oriente. Se estima en no menos de 20.000 el número de franceses, ingleses y belgas que han sufrido un lavado de cerebro y han marchado a combatir por la "causa santa" en Irak, Siria e Israel. Merece una publicación aparte el porqué estos jóvenes, frecuentemente universitarios, dejan atrás una vida de confort para ir al vivir al desierto agreste y agresivo.

El fundamentalismo se corrige con el remedio de la educación profunda y objetiva, que no "domestica" o amaestra sino que alimenta el sano juicio crítico. Se corrige con estimular la pasión por la verdad y la justicia, la comprensión del otro como hermano, la mirada hacia el prójimo como la que tuvo Jesús, el buen samaritano. Como se ve, el remedio a la enfermedad es también una postura mental, una actitud interior sana y pacífica.

Educar "en" y "para" la convivencia pacífica, parece ser un reto ineludible de este nuevo siglo. Todo hombre es mi hermano: ¡esto sí hay que interpretarlo de modo literal!