Reservas internacionales muy bajas y la insistencia de una gran brecha entre el dólar oficial y sus variantes libres nos recuerdan la situación vivida a fines de 2015, que nos llevó a una devaluación de nuestro "débil" peso. Hoy, en plena pandemia, siendo el único país del mundo con más de 200 días de cuarentena, con una caída sin precedentes históricos del PBI y con un motor productivo, generador de recursos, inactivo en un 40%, con medidas de muy "cortísimo plazo" que tomó el Gobierno a través de diferentes organismos, para bloquear el acceso al mercado de cambios formal, indefectiblemente vamos camino a una gran devaluación del peso argentino. Intensificar los controles cambiarios obliga a los importadores que tenían dólares líquidos en el exterior a utilizarlos al momento de realizar sus importaciones.

No sólo las medidas son "de cortísimo plazo" sino que generan otros problemas, ya que se obliga a las empresas que habían logrado generar activos en dólares para protegerse de la inflación a comprar dólar paralelo mientras que el resto se sigue manejando con el dólar oficial.

"Se está obligando a las empresas que habían logrado generar activos en dólares para protegerse de la inflación a comprar dólar paralelo…".

De esta forma el BCRA busca cuidar sus reservas sacrificando la de los productores que pudieron y supieron ser precavidos.

Esta es "la mejor manera" de generar desabastecimiento en ciertos sectores porque se detiene la venta de productos que se utilizan en procesos productivos, como los agroindustriales (agroquímicos).

Si en el 2015 se terminó con una devaluación debido a una brecha cambiaria alta y la perdida de las reservas internacionales netas, lamentablemente con brecha más alta y escasas reservas pareciera que vamos a seguir el mismo camino.

Ya en mayo la brecha cambiaria entre el tipo de cambio oficial y el contado con liquidación llegó a niveles preocupantes del 73,25%, en tanto el bajo nivel de las reservas internacionales netas es, por demás decir, alarmante.

Hoy ya en octubre, la mala situación se ha profundizado y el panorama continúa aún más complicado comparado a junio, ya que la brecha cambiaria en el promedio de ese mes supero el 66% y las reservas netas internacionales se ubicaron en torno a los US$ 7.500 millones.

No nos olvidemos que a principios del 2014 se produjo una devaluación que redujo la brecha sustancialmente, pero está volvía a incrementarse meses después, mientras que en enero 2016 se observa un punto de inflexión que se logró mediante un sinceramiento del tipo de cambio, pero sus efectos fueron de corto plazo para volver a colapsar en agosto del 2019 tras las PASO.

Durante este período (2016-2019), las reservas internacionales netas se recuperaron obteniendo un pico en febrero de 2018 siendo las más altas desde el 2012, y la brecha cambiaria se volvió prácticamente inexistente por tener un tipo de cambio sin estar preso del cepo.

Sin embargo, a partir de septiembre de 2019 la brecha fue creciendo y las reservas internacionales netas se desplomaron hasta nuestros días logrando que sea casi inminente una nueva devaluación con consecuencias históricas jamás sufridas.

Nuestro país debe dejar de pensar en maxidevaluaciones y centrarse en la elaboración de un plan macroeconómico que contemple un nivel de gasto público que disminuya progresivamente y que facilite las inversiones de capital. De esta manera se evitarían las regulaciones y las devaluaciones que afectan a la economía.

 

Por Jorge Reinoso Rivera
Periodista