La inmediata condena de los países latinoamericanos al reciente ataque israelí contra una flotilla pro-palestina es comprensible, pero el voto de la región a favor de que el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas realice una investigación de los hechos es vergonzoso: el Consejo está controlado por las dictaduras más sanguinarias y los regímenes más visceralmente anti-israelíes del mundo.

No hay dudas de que el ataque de Israel contra la flotilla de seis barcos que intentaba romper el bloqueo israelí sobre Gaza fue una soberana estupidez. El gobierno israelí sabía perfectamente que, lejos de ser un convoy de bienintencionados pacifistas que transportaban ayuda humanitaria, la llamada "Flotilla de la Libertad" estaba patrocinada por la IHH Islamic Charity. Estaba clarísimo que los activistas de la flotilla querían provocar un incidente que concitara la atención del mundo sobre la situación de Gaza.

Y aunque Israel repetidamente advirtió a la flotilla que se detuviera, y ofreció llevar su cargamento por tierra a Gaza, después de asegurarse de que no incluía armamentos para la organización terrorista Hamas, el resultado final fue exactamente el que querían los organizadores: Hubo violencia -nueve muertos- y un estallido de indignación internacional contra Israel.

Muchos titulares de prensa israelí -el país con mayor libertad de expresión de Medio Oriente- criticaron el accionar militar. "Estupidez, estupidez, estupidez", decía el Jerusalem Post. El gobierno dijo que Israel tenía derecho a inspeccionar las embarcaciones para para evitar que llevaran armas, y que sus soldados actuaron en defensa propia después de ser atacados a bordo del buque Marvi Marmara. Los líderes palestinos replicaron que cuando tropas israelíes interceptan barcos que llevan civiles desarmados y todos los muertos son de un lado, resulta claro quiénes usaron fuerza desmedida.

Mientras tanto, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, de 47 miembros, adoptó una resolución por una mayoría de 32 países -incluyendo a China, Libia y Arabia Saudita- para investigar el ataque israelí. Todos los miembros latinoamericanos del Consejo -Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Cuba, México, Nicaragua y Uruguay- apoyaron la resolución; tres países votaron en contra -Estados Unidos, Italia y Holanda-, nueve países se abstuvieron, casi todos europeos, y tres estuvieron ausentes. Una de las primeras medidas del Consejo, después de ser reformado en 2006, fue terminar el monitoreo de los abusos en Cuba. Tampoco ha investigado los de China, Libia, Corea del Norte, Siria y Zimbabwe, algunos de los peores violadores de los derechos humanos. De las 40 resoluciones del Consejo en cuatro años, 33 (más del 80%) han sido condenas a Israel. Y también ignoró el reciente ataque de Corea del Norte a un barco de Corea del Sur, con 46 marineros muertos.

Mi opinión: Aunque Israel tiene todo el derecho a defenderse del grupo terrorista Hamas, y de sus varias fachadas civiles, no se pueden desestimar los pedidos de una investigación internacional de los hechos a bordo del Marvi Marmara. Pero poner esa investigación en manos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU es un disparate.

"EL CONSEJO de DDHH de la ONU no dijo nada el año pasado sobre la masacre iraní de más de 72 manifestantes pacíficos, ni tampoco cuando China mató a casi 200 miembros de la minoría uigur en un conflicto étnico."