Cada nueva convocatoria a elecciones reactiva la convicción del deterioro de nuestra conciencia cívica y se muestran los vestigios de la vieja política con prácticas deleznables y ofensivas para una auténtica democracia. Hasta ahora, las propuestas están ausentes y las denuncias presentes.
La campaña electoral se encuentra en los tribunales: un lugar que revela los problemas que atraviesan los partidos y el nivel en el que se encuentra la discusión política argentina. El juez federal de La Plata con competencia electoral, Manuel Humberto Blanco, señaló irregularidades en la lista del peronismo disidente, liderada por Francisco De Narváez. Es el mismo juez que la semana pasada entendió que Néstor Kirchner ha cumplido con las formalidades del cambio de domicilio que le permite aspirar por una banca en la Cámara de Diputados en nombre de la provincia de Buenos Aires. La ley exige dos años de domicilio efectivo antes de las elecciones. Por eso, el magistrado contabilizó los dos años desde el día que Néstor Kirchner dejó de ser presidente, el 10 de diciembre de 2007, hasta el día en que asumirá como diputado, el 10 de diciembre de 2009. Se presentaría un grave problema si por las urgencias de la política se anticipara la jura de los diputados electos. No le alcanzaría entonces, el tiempo exigido por la ley.
El mismo juez Blanco rechazó las impugnaciones presentadas contra la candidatura a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires de Luis Abelardo Patti. De este modo, el ex comisario, que se encuentra preso en la cárcel de Marcos Paz acusado por delitos de lesa humanidad, quedó habilitado para competir el 28 de junio próximo. Cuando la política transcurre en los tribunales de la Justicia, es porque lamentablemente la "viveza criolla" que tanto nos ha desprestigiado a los argentinos, le está ganando la batalla a las ideas y a las propuestas. Los sectores políticos deberían poner en práctica la ética en sus acciones políticas además de su habilidad para lograr determinados objetivos y redoblar sus esfuerzos para erradicar esas prácticas electorales indebidas, que a estas alturas han demostrado su ineficacia para la solidez de una democracia que nos ayude a ser Nación.
El país necesita imperiosamente que las campañas electorales nacionales, provinciales o municipales se desarrollen en un clima de completa transparencia moral y que se dejen de lado definitivamente los intentos anacrónicos de desprestigiar al adversario en los que campean la difamación y los golpes de efecto.
