De acuerdo a un cronograma anual, en la última semana de agosto venidero se deberán tomar las pruebas de conocimiento de aprendizaje PISA 2015, el Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes que analiza el rendimiento de los alumnos de 15 años en asignaturas como matemática, comprensión de lectura y ciencia. En la última edición participaron 510.000 escolares de los 65 países anotados, entre ellos Argentina, que representan el 80% de la población mundial.
En la anterior compulsa bianual, nuestro país quedó ubicado en el puesto 59, acompañado por la mayoría de los representantes de América latina, con Chile en el puesto 51¦, el mejor desempeño educativo de la región. Tanto las pruebas PISA como las TERCE, de la Unesco, miden los conocimientos y aprendizajes de los alumnos regulares y sus resultados sirven de base para planificar las políticas educativas en las diferentes naciones participantes, aunque no siempre es así por diferentes factores internos, desde los económicos y operativos, hasta ideológicos en muchos países.
Pero más allá de los recursos que se inviertan para mejorar el aprendizaje y la implementación de los planes educativos por región de acuerdo a sus características (en nuestro caso la aplicación en cada provincia), el problema de los bajos resultados radica en la respuesta del educando a la hora de buscar los resultados del aprendizaje. Es que en nuestro país se han otorgado en esta área derechos sin obligaciones, es decir las exigencias como respuesta básica de las responsabilidades del alumno que se vuelcan a los resultados no responden a las expectativas.
De nada vale invertir en educación, como se viene haciendo con la informatización, equipamiento o ampliar el ingreso inicial, para citar algunos ejemplos, si no existe como contrapartida los resultados esperados para ser competitivos, tanto en pruebas como la comentada sino también a la hora de obtener una mejor salida laboral respaldada en el aprendizaje.
Por eso no debe sorprender los informes relacionados con la calidad e inclusión educativa donde se revela que casi 3 de cada 10 alumnos que terminan el ciclo secundario no pueden resolver una ecuación, calcular un porcentaje o resolver una regla de tres simple. Además, desconocen los principales procesos históricos el país, según el Operativo Nacional de Evaluación 2013, cuyas cifras se han publicado recientemente.
