El exprimer ministro italiano Silvio Berlusconi irrumpió en la política tras el proceso Manos Limpias de 1992, que destapó una red de corrupción que afectaba a todos los partidos políticos. Para alcanzar la victoria en las elecciones legislativas de marzo de 1994 Il Cavaliere estableció dos alianzas. Su partido, Forza Italia, formó una coalición con la Liga Norte, de Umberto Bossi que defiende la secesión de la Padania: las regiones industriales, como Lombardía, Piamonte, el Véneto o Emilia Romaña. En el sur Berlusconi se alió con Alianza Nacional, una coalición neofascista.

Pero el miércoles pasado su poder político desapareció. Ya no es senador ni podrá volver a serlo en los próximos seis años, cuando cumpla 83 años. Sencillamente, el líder del centroderecha italiano ha sido expulsado en aplicación de una ley anticorrupción democráticamente votada que prevé la ilegibilidad o, como en este caso, la expulsión del Parlamento de quienes hayan sido condenados en sentencia firme a más de dos años de cárcel. Y, el pasado 1 de agosto, el Tribunal Supremo condenó a Silvio Berlusconi a cuatro años por fraude fiscal en el llamado "’caso Mediaset”.

Los magistrados del alto tribunal, al igual que los jueces de primera instancia de Milán que lo condenaron por abuso de poder e inducción a la prostitución en el caso "’Ruby”, constataron que Berlusconi compatibilizó y mezcló fraudulentamente su vida de político, como segunda autoridad de una gran nación, con la de empresario evasor o corruptor de menores. De ahí que el miércoles 27 de noviembre de 2013 deba de ser subrayado como el día en que la política italiana, tan acostumbrada a protegerse a sí misma, decidiera dar el paso y deshacerse, ley en la mano, de quien la ha burlado durante las últimas dos décadas.

Los 194 diputados del Partido Democrático (PD), Movimiento 5 Estrellas (M5S) y Elección Cívica (SC) se impusieron a los 114 del centroderecha y la Liga Norte. Silvio Berlusconi ya no es senador. La culpa no la tienen las fuerzas del mal ni la falta de votos. Simplemente esa irrefrenable tendencia suya a delinquir. Si su pretensión era debilitar al gobierno actual quitándole el apoyo por medio de sus legisladores, no logró hacerlo realidad. Este hecho ejemplificador debería transformarse en un inicio para reformar el sistema político italiano luego del intento de deformarlo.