Si hay conceptos sencillos de comprender, pero a la vez difíciles de aplicar, el punto de equilibrio es uno de ellos. Simple si se lo observa desde la vereda de la teoría, desde la tesis, pero socialmente incómodo y complejo en su aplicación, en su puesta en práctica. 

En lo que a recursos materiales se refiere, ni la pobreza es buena, ni la riqueza es tan espléndida como suele aparentar. Respecto a esto, el punto de equilibrio más inteligente y de mayor lucidez, resulta ser la sobriedad. 

El milagro de la vida del que somos poseedores no creo que se haya producido para andar dedicándose a la vacía tarea de la acumulación de bienes materiales. Semejante invención seguramente fue pensada para algo un poco más interesante y profundo que al almacenamiento de materia.

El tiempo y la energía que dediquemos a generar ingresos materiales, es el mismo tiempo y energía que le estaremos deduciendo a amar, reír, jugar, compartir momentos con nuestros seres queridos, o a interiorizarnos con nosotros mismos, en definitiva, es equivalente al tiempo que estaremos dejando de vivir experiencias emocionales. Pueden existir escasas excepciones de ciertos empleos, pero esto se aplica para la inmensa mayoría de los trabajos.

El dedicar más tiempo a un empleo que el que realmente corresponde, no lo veo un acto de heroísmo ni mucho menos, por el contrario, percibo en sus raíces una considerable falta de amor, tanto con aquellos seres queridos que uno tenga como así también con nosotros mismos. Claro está fuera de cualquier discusión, la importancia de "ganarse el pan" y de que por lo tanto habrá que dedicar una importante parte de nuestros días al trabajo, pero habrá que saber limitar este tiempo dentro de un rango de horas coherente a lo que comprende a una jornada laboral. La pretensión económica que cada uno defina para sí mismo, determinará en gran medida el tiempo que estaremos dispuestos a dedicar a generar esos ingresos económicos, y en esta ecuación jugará un papel trascendente la educación previa.

Muchas veces el descontento que sienten algunas personas por no llegar a poseer materialmente lo que se pretendería, suele despresurizarse o esfumarse cuando se logra tomar una efectiva conciencia de lo que sí se tiene, en materia de salud, afectiva, y también material. 

Recuerdo una entrevista realizada hace tiempo a Borges, en la que Antonio Carrizo le preguntó por qué razón fue depurando su estilo (literario) hasta la austeridad del lenguaje de sus últimas obras. Borges le contestó que el estilo lujoso le parecía feo, que un palacio era quizás no menos indefendible que un conventillo y que la idea del lujo le parecía atroz, como así también la de la miseria. Luego agregó: "En fin, yo pertenezco a la honesta clase media, en la que hay de equidistar entre el lujo y la pobreza".

Es oportuno también cuestionarse seriamente por qué se cree beneficioso el constante crecimiento, tanto económico como en términos generales. Sin dudas es importante crecer, pero hasta un cierto punto, luego es preciso dedicarse a madurar. 

Creo que es de importancia superlativa tomarse el tiempo necesario para definir el punto de equilibrio en el que pretendamos desarrollar nuestra vida.

 

Por Guillermo Appendino
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