La actual sociedad, altamente consumista, contribuye al caos ambiental debido a la polución generada por los desperdicios, que podría morigerarse si las autoridades y el simple ciudadano adoptaran el firme propósito de reducir la contaminación que nos asfixia.
La población mundial produce anualmente más de dos billones de toneladas de basura urbana, incluyendo unas 500 toneladas domiciliarias diarias del Gran San Juan -hasta ahora sin destino definitivo apropiado-, cifras a las que se suman los desechos industriales.
En nuestro caso, la proliferación de los basureros clandestinos representa uno de los problemas ambientales más graves de la provincia. Las responsabilidades las comparten los organismos provinciales específicos, los municipios, empresas de servicios y los particulares. Estos últimos no sólo hacen caso omiso a los horarios y modalidades de recolección sino que también alientan la nociva práctica de desprenderse de escombros y basura de jardín mediante "changarines" vuelcan las vuelcan en baldíos o directamente en banquinas de calles y rutas. También es reprochable el hábito de los pobladores rurales de arrojar sus desperdicios a canales y cauces de riego, donde además contaminar las aguas producen taponamientos y desbordes. De igual forma se procede en zonas residenciales donde las cunetas son depositarias del barrido de veredas, más grave en época otoñal, porque las hojas junto a botellas y bolsas plásticas obstruyen pasantes y alcantarillas.
Pero el centro de este viejo problema es la recolección, el transporte y la deposición final de la basura para evitar problemas que afectan a la salud, al suelo, al agua y al ambiente. A pesar de los numerosos proyectos de soluciones integrales, hasta ahora lo único cierto son los megabasureros a cielo abierto.
Es necesario impulsar una política de Estado, desde persistir en crear conciencia ciudadana hasta los recursos necesarios para evitar nuevas frustraciones. La producción de residuos es una consecuencia ineludible de cualquier actividad humana, que requiere actitudes responsables, oficiales y personales. Reciclar una tonelada de papel equivale a evitar la tala de 17 árboles y debe recordarse que el 100% del vidrio y el 95% del plástico es reciclable, en tanto los desperdicios orgánicos son una fuente fertilizante y de biogás inagotables.
