El mundo entero sigue conmocionado por los atentados perpetrados en París, mediante el accionar terrorista militarizado y perfectamente coordinado contra víctimas inocentes, propio del odio homicida del fundamentalismo islámico. Fue una conflagración que ya involucra a Europa central en una guerra tan despiadada como clandestina y que apunta a la civilización occidental.
El grupo yihadista Estado Islámico ha reivindicado en Internet la autoría de la incursión demencial en Francia que dejó más de 127 muertos y casi 200 heridos, con detalles escalofriantes propios de las sanguinarias acciones en nombre de Alá. "Ocho hermanos ataviados con cinturones explosivos y ametralladoras atacaron objetivos seleccionados con precisión en el corazón de la capital francesa", señala el comunicado, a la vez de reiterar las amenazas: "Que sepa Francia y los que van en su camino que van a estar a la cabeza de los objetivos del Estado Islámico y que el olor a muerte no va a abandonar sus narices mientras que lideren la campaña cruzada\’\’ contra los yihadistas en Siria e Irak. También justificaron los objetivos porque califican a París de "capital del desenfreno y del vicio y portadora de la bandera de la cruz (en referencia al cristianismo) en Europa\’\’. Y es evidente la táctica del horror porque se repite a diez meses de la masacre de 18 personas en la revista satírica Charlie Hebdo y en un lugar de comidas judías, muy cerca de la sala Bataclan, donde tomaron de rehenes a los espectadores y los ultimaron con ráfagas de ametralladoras el viernes pasado.
También el terrorismo atacó en Rusia, Egipto y Turquía en lo que va del año y, sin enumerar los golpes anteriores, no quedan dudas que busca sembrar el pánico a nivel internacional, en particular en las naciones desarrolladas que impiden la propagación del odio y del absolutismo que arrasa pueblos y comete las atrocidades que difunde como símbolos de victoria.
Como sostiene la Santa Sede, al condenar los atentados en París, son ataques a la paz mundial que requieren una reacción decidida y conjunta para luchar contra la propagación del odio homicida en todas sus formas. Es que el terrorismo en general, y los últimos atentados de París en concreto, no hace más que aumentar la determinación de la comunidad internacional de defender el imperio de la ley y resolver crisis como la guerra de Siria, una posición de Estados Unidos que en este caso la comparte Rusia, y en general la convivencia humana.
