Los pobladores de nuestra provincia, y en particular los del Valle de Tulum, donde se concentra la mayor cantidad de habitantes, son concientes de que el arbolado público y los espacios verdes son vitales para afrontar los rigores del verano, sin embargo no existe una cultura que resguarde ese patrimonio por el bien de todos. Esta contradicción se manifiesta con campañas de forestación de dudosos resultados, ya que luego de plantar los ejemplares no hay un seguimiento para el control del crecimiento y por otro lado se realizan talas y podas irracionales subrepticias, tanto de frentistas como de municipios y muchas veces con anuencia de las autoridades del área.

Lo positivo en esta encrucijada, es que ahora se han dado a conocer los resultados del Censo del Arbolado Urbano, realizado por la dependencia específica de la Secretaría de Ambiente, un trabajo minucioso para determinar los ejemplares muertos y enfermos ubicados en los departamentos Capital, Rivadavia, Santa Lucía, Rawson y Chimbas, un relevamiento que acusa 11.692 árboles en mal estado que deberán reponerse o recuperarse si se actúa a tiempo. Son 6936 enfermos por no haber tenido un adecuado mantenimiento y 4756 irremediablemente perdidos por la misma causa, incluso secos por falta de riego.

Los detalles del censo de decrepitud del arbolado urbano revelan un descuido de años, en cuanto a tareas de conservación que deberían ser estacionales, como las podas de limpieza y formación y la erradicación -y reposición- de ejemplares con daños irreversibles o peligrosos para peatones y vehículos. Evidentemente no hubo, o fueron ínfimos, los cuidados fitosanitarios y peor aún la dotación de agua, sin considerar los lugares donde se imponía la apertura de acequias o el riego manual, obviamente ignorados.

Los municipios del Gran San Juan ya tienen un estudio técnico puntilloso y deben asumir las responsabilidades que les compete para atender los espacios verdes públicos. Los tiempos están acotados por las etapas vegetativas y queda muy poco para replantar e implementar tareas de cuidado, siempre con personal calificado y técnicas adecuadas. Lo ordena la Ley provincial de protección del arbolado público y el sentido común de vivir en una zona semidesértica donde la sombra del árbol es la compañera de la rutina diaria de los sanjuaninos.