Las crisis económicas que soportan la Unión Europea, en plena recesión, los Estados Unidos y los coletazos en Japón y otros socios estratégicos, han ampliado el espectro de la globalización económica con mercados potenciales que hasta hace una década eran insignificantes o marginales en las balanzas comerciales.
El cambio trascendente que produjo China, acompañado por las naciones del Sudeste Asiático, abriendo el inmenso y codiciado mercado Asia-Pacífico, cambió la economía global a favor de las naciones emergentes, o las llamadas BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), con posiciones inéditas, caso de Brasil que desplazó a Inglaterra como quinta economía mundial. Pero, además, hay un nuevo actor que puede dar otro giro trascendente a la economía mundial frente a la alta demanda de materias primas, particularmente petróleo, minerales y producción agrícola, y es África. En la última década Angola, Nigeria, Etiopía, Chad, Mozambique y Ruanda se insertan en las diez economías con mayor crecimiento promedio, con tasas superiores al 7% anual y esa tendencia seguirán en los próximos cinco años Tanzania, Congo, Ghana y Zambia, según el Fondo Monetario Internacional. Este auge ha sido acompañado por un flujo de inversión extranjera que llegó a triplicarse en los últimos 15 años, de acuerdo al seguimiento estadístico del organismo multilateral.
Si bien en el aspecto político y social, particularmente los excesos de poder y las desigualdades que sufren varias naciones parecen contraproducentes en la mira de los capitales internacionales, todo indica que se está revirtiendo ese panorama, fortaleciéndose la crónica debilidad institucional acompañada de menores niveles de violencia étnica y de conflictos internos. Es decir, las perspectivas de negocios inciden en el ordenamiento y el respeto a las reglas de juego en cuestiones regulatorias, financieras y fiscales. En este contexto se han formalizado acuerdos estratégicos importantes, como los de China con varias naciones africanas y hay otros en vías de concretarse. Por ello es positivo el acercamiento que ha realizado el Gobierno argentino con Angola, incluyendo la visita presidencial al frente de una misión comercial, aunque debe avanzar con objetivos claros de intercambio basados en el trabajo de la diplomacia y de expertos en comercio internacional, sin golpes de efecto político.
