PRIMERA NOTA
El 10 de agosto de 1814, el Gral. José de San Martín era nombrado por el Director Supremo Posadas, Gobernador Intendente de Cuyo. Su asunción en el cargo se haría efectiva en septiembre, y se asentaba el primer jalón del objetivo de su aceptación del mando: "(levantar) un ejército bien disciplinado en Mendoza para pasar a Chile y de ahí por mar a Lima para acabar con los godos".
Pero la dinámica de los acontecimientos le jugará una mala pasada. La Batalla de Rancagua entre el 1 y 2 de octubre, terminaba con la independencia chilena. Esta situación inesperada, con los realistas dueños de Chile y envalentonados de su conquista, deparará un grave problema para las provincias cuyanas: la posibilidad de una invasión realista a nuestro suelo. "Por fuentes fidedignas y por distintos conductos de información confidencial, se tuvo en San Juan, la certeza de los inminentes preparativos de una bien organizada invasión realista desde Chile en 1815", asevera Emilio Maurín Navarro en su obra Forjadores de la República.
La mayor vulnerabilidad ante tal posibilidad la invasión, le correspondía a San Juan. Horacio Videla, aclara la situación de allende la cordillera: "ocupadas después de Rancagua las provincias trasandinas de Coquimbo y Copiapó por el General Elorriaga, los pasos frente a San Juan y Jáchal podían tentar al enemigo ocupador de Chile".
Y la amenaza toma cuerpo y se concreta, cuando una avanzada realista aparece por Calingasta. Rosauro Pérez Aubone afirma: "en febrero de ese año (1815) una partida realista, cruzando la cordillera avanzó hasta El Leoncito, localidad próxima a Barreal, en el departamento de Calingasta. Allí apresó a una avanzada miliciana, "casi desarmada, sin pertrechos ni pericia alguna". La proximidad de esa fuerza enemiga, magnificada tal vez en su número y eficiencia, produjo en el vecindario una alarma inusitada".
La posibilidad de tal invasión a San Juan pone en acción a San Martín, y motiva su presencia en la provincia para 1815: "La necesidad de tomar un conocimiento exacto de los lugares por donde puede ser invadida esta provincia por los enemigos y la indefensión del pueblo de San Juan, me obligan a ponerme en marcha para este destino con ambos objetos".
Habiéndose cerrado la cordillera ante las primeras nevadas, se temía que setiembre sería el momento de la invasión, cuando los deshielos liberaran los pasos andinos.
Atrás quedaron los movimientos autonomistas que trajeron al General por primera vez a la provincia el 25 de mayo de 1815. Ahora, la necesidad de preparar la defensa de la plaza local es el objetivo de la presencia del Gobernador Intendente entre nosotros.
Un año antes de la declaración de la Independencia, el 9 de julio de 1815 por la tarde, San Martín llega a San Juan. Dieciocho días durará la estancia de San Martín en la provincia.
Desde la tarde del 9 hasta el 14 de julio, San Martín permanece en la ciudad, alojado en el Convento de la Orden de Santo Domingo. Los frailes, entre los que se encontraba Fray Justo Santa María de Oro, recientemente elegido Diputado por San Juan, reciben al Intendente junto con dos compañeros, un ordenanza y tres sirvientes, como ha quedado registrado en el Libro de Gastos del Convento, a cargo del fraile sanjuanino Eduardo Castro. Juan de la Cruz Bargas, forma parte de esta comitiva.
El convento, que ocupaba toda la manzana, contaba con 12 "celdas" o habitaciones, conservándose en la actualidad la Celda Prioral (del Prior: autoridad del convento) que fuera cedida al Gobernador San Martín, y la Sala De Profundis. No consta en los inventarios de época, que el convento de San Juan tuviera Sala Capitular. 11 frailes formaban la comunidad dominica, 7 de ellos sanjuaninos y uno mendocino. El comprovinciano Fray Manuel Flores era el Prior del Convento para 1815.
El día 14 San Martín parte hacia la cordillera sanjuanina para su reconocimiento, permaneciendo en nuestro suelo hasta el día 26 de julio. El 27 está en la ciudad de Mendoza.
Las medidas tomadas en la provincia, son numerosas: la mas importante fue la aprobación por parte del Cabildo, de la imposición de un gravamen a los caldos (vinos y aguardientes) que salían de la provincia, necesaria para: "activar la fuerza que ha meditado poner en la provincia en apoyo de su defensa contra las invasiones del enemigo ultramontano de la Gran Cordillera el tirano Osorio y su complotistas".
Como muestra la declaración, la motivación de esta y todas las otras medidas, no es la formación del Ejército de los Andes, ni la liberación de Chile. Para julio de 1815, la finalidad era fortalecer la plaza para hacer frente a una invasión.
