Si bien las pandillas ‘maras’ son propias de países centroamericanos como El Salvador, Guatemala y Honduras, últimamente también se han extendido a otros puntos de Latinoamérica, incluyendo la Argentina, donde pueden convertirse en un problema sin solución.

La organización Amnistía Internacional (AI) reveló en su informe ‘¿Hogar, dulce hogar?” que los tres países donde se originaron las maras tienen una de las crisis de refugiados menos visibles del mundo. Las nulas expectativas que hay en estas naciones de poder llevar una existencia normal, sin sobresaltos y sin tener que estar alerta para no ser agredido por las pandillas, ha llevado a que entre 2010 y 2015 el número de solicitudes de asilo presentadas en todo el mundo se haya incrementado en más de un 500 por ciento. Solamente el año pasado la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) contabilizó alrededor de 55.000 nuevas peticiones, el doble de 2014.

Existen testimonios de familias guatemaltecas, hondureñas y salvadoreñas que tuvieron que vender todas sus pertenencias y salir lo más urgente posible hacia otros países, especialmente España, ante el permanente hostigamiento de las maras. La necesidad de financiamiento que tienen estos grupos criminales o los enfrentamientos entre ellos, los lleva a involucrarse con familias bien constituidas y con recursos, a las que extorsionan, amenazan y no dejan vivir libremente.

Hace unos meses, un noticiero televisivo denunció la existencia de maras en nuestro país, vinculadas al narcotráfico. El informe reveló que esta actividad estaba creciendo considerablemente y sin ser controlada. El término ‘mara’ proviene de la palabra marabunta, hormigas migratorias que arrasan cuanto encuentran a su paso. Y se aplica a los grupos de jóvenes latinoaméricanos delincuentes, procedentes de los movimientos migratorios de mediados del siglo XX. La deportaciones de EEUU a sus países de origen dio lugar al nacimiento de las ‘maras” latinoamericanas. Las más conocidas se identifican con nombres como ‘Salvatrucha (MS-13)’ o la ‘M18’, que son rivales entre sí.

Especialistas en el estudio de este fenómeno social creen que en nuestro país las maras están en un estado embrionario, lo que da tiempo a implementar algunas acciones tendientes a evitar que proliferen.