La denominada "alianza estratégica integral” que nuestro país ha establecido con China ha dado lugar a las más diversas evaluaciones de este vínculo que para algunos es positivo, pero para otros es solo una pantalla que trata de ocultar el solo interés de la Argentina por el ingreso, en forma urgente, de yanes convertibles a dólares que garantizan la política a corto plazo del Gobierno, logrando estabilidad financiera.

Para los que defienden este proceso, esta estrategia integral va más allá de una visión netamente comercial de vendedores y compradores, de la misma forma en la que se asegura que la política siempre está prevaleciendo sobre la economía y los mercados, pero no la de los partidos políticos, sino la de un mundo que se mueve en base a cuestiones geopolíticas.

Lo cierto es que durante la última misión oficial al gigante asiático, quedó en evidencia una conjunción de ambas posiciones al haberse repasado los 20 convenios firmados en julio pasado por 18.000 millones de dólares; la apertura del mercado a productos argentinos; la construcción de represas en el Sur; la recuperación del tren Belgrano Cargas y el intercambio de monedas (swap) por U$S 11.000 millones dirigido a fortalecer las reservas del Banco Central, a cambio de que China se abastezca de soja, de la misma forma que lo hace con otros países de América latina al abastecerse de petróleo, en convenios con Brasil y Venezuela o de cobre, en la vinculación que tiene con Chile y Perú.

Además, como para dar muestras de que el largo plazo está en los planes del actual gobierno en sus relaciones con China, fueron firmados tres acuerdos principales de cooperación, uno en el tema nuclear, para construir Atucha III con asistencia financiera y equipamiento de aquel país. Otro referido a minería, y el tercero, de cooperación aeroespacial.

Lo mismo sucedió con la firma del convenio para el inicio de las obras de las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic, en la provincia de Santa Cruz, que se realizó a través de una videoconferencia y por el cual un consorcio de tres bancos chinos liberó el primer tramo de 287 millones de dólares de un crédito de 4.700 millones hasta 2020, en que ya deberán estar en funcionamiento las presas de embalse que generarán energía eléctrica al Sistema Interconectado Nacional.

Para llegar a todos estos avances, la Presidenta ha tenido que convencer a los funcionarios y empresarios de las empresas estatales chinas que "la Argentina es una fuente inagotable de oportunidades”, y que ofrece un atractivo comercial muy grande.

La carta de presentación señala que "somos un país con características muy especiales como productor de alimentos y además sumamente competitivos en la producción de granos”. También fueron consignados los avances en materia de "industria ferroviaria” y la potencialidad en materia energética.

La condición de que China sea el mayor aliado de Argentina, dejando de lado a los Estados Unidos de Norteamérica y la Unión Europea, es lo que hace posible que el gigante asiático esté dispuesto a prestar fondos a tasa subsidiada, lo que no está ocurriendo por parte de los bancos occidentales.

Entre los acuerdos de cooperación suscriptos entre ambos países, la construcción de la planta atómica denominada Atucha III es uno de los más importantes en materia energética. Pero hay otros convenios que llaman en gran medida la atención como es la construcción de una base de observación espacial en Neuquén para poner tres astronautas en la Luna en 2016 con un régimen de exención impositiva por 50 años.

No podemos dejar de lado que también hay convenios para el desarrollo turístico de ambos Estados, que representan un salto cualitativo, que pone en evidencia que no solo se trata de comercializar bienes materiales o servicios, sino también el intercambio cultural y de recreación.

Las inversiones chinas en Argentina son parte de un torrente de capitales cuyo propósito es desarrollar la producción y las exportaciones de recursos naturales destinados a alimentar el crecimiento del gigante asiático.

Todo comenzó en 1999, doce años después de lanzado el plan de reformas económicas del gobierno chino. En esa ocasión se lanzó la "Going Global Strategy”, una política destinada a promover la inversión de las empresas chinas en el exterior, utilizando la enorme cantidad de divisas acumulada en años de éxito comercial y recepción de capitales occidentales.

América latina (como también Africa) es un destino privilegiado de esas inversiones. Según cifras de la embajada china en Argentina, más de 30 compañías chinas están operando en el país, en negocios que van desde producción de televisores, exploración minera, energía y finanzas, hasta navegación y pesca. China no sólo se ha convertido en el segundo socio comercial de Argentina, sino también en la tercera mayor fuente de inversión, después de Estados Unidos y España.