Estados Unidos y Rusia dejaron atrás años de mutua desconfianza al firmar el histórico acuerdo de reducción de armas nucleares. Las dos potencias, que poseen más del 90% del arsenal atómico del planeta se comprometieron a través del nuevo tratado Start, a reducir en un tercio los respectivas armas letales. Aún con esta reducción, ambos países tienen la capacidad de destruirse mutuamente, pero la intención fue enviar un mensaje enérgico al mundo de que Moscú y Washington asumen en serio este desarme.
Barack Obama, galardonado con el Premio Noble de la Paz, podría quedar en los registros de la historia gracias a sus esfuerzos, pero los obstáculos que aún quedan por salvar son inmensos. El acuerdo de Praga ha sorprendido hasta los más íntimos aliados, ya que de repente Obama ha puesto el desarme en la agenda global, planteando el tema del terrorismo nuclear y asumiendo la iniciativa de que EEUU actuaría como líder y guía.
Rara vez un antecesor suyo había suscitado tanto entusiasmo en Europa o articulado un tema con tanto refinamiento retórico, al advertir: "En un extraño giro de la historia, la amenaza de una guerra nuclear global casi ha desaparecido, pero el riesgo de un ataque nuclear ha aumentado". El acuerdo Start revela una mejora en las relaciones entre EEUU y Rusia, un factor importante para resolver los desacuerdos nucleares con Irán.
La visión de un mundo sin armas nucleares podría encontrar resistencia en medios de defensa de EEUU y en el Senado, que resisten abandonar su mayor elemento defensivo. Tal vez por ello, Obama dijo que el desarme no se alcanzará rápidamente e incluso tal vez, no se cumpla mientras él viva.
