La idea de declarar nuestra independencia en esos días de 1816, hubiera parecido una insensatez en el contexto geopolítico, o una patriada condenada al fracaso aunque impulsada por hombres virtuosos y valientes, representantes de pequeños pueblos desperdigados en un enorme territorio que buscaba ser nación con un modelo republicano de gobierno.
La incomunicación y las enormes distancias a recorrer eran obstáculos naturales a vencer, pero también ponderaban el coraje político necesario para hacer frente a una monarquía española que venía aplastando los intentos revolucionarios que afloraban desde México hasta el Río de la Plata. Mucho menos podría pensarse en un consenso, con la anarquía creciente que disgregaba a las Provincias Unidas.
Sin embargo el coraje admirable de los congresales de Tucumán hicieron frente al escenario desfavorable y dieron una lección de patriotismo que cambió el curso de los acontecimientos dando basamento institucional a la nueva y gloriosa nación que se inscribe en la historia fundacional. Precisamente, con ese respaldo republicano, José de San Martín puso en marcha la colosal campaña libertadora. Por eso el 9 de julio de 1816 brinda al mundo un hito emancipador que sirve de ejemplo al continente americano para desterrar todo vestigio de conquista y colonización.
Es la imagen de la cultura del esfuerzo, la entrega personal por el bien común y el sentido de patria. Por eso vale recordar la reflexión que hizo Joaquín V. González, al referirse a este día fundacional: "Es justo decir que el Congreso de Tucumán ha sido la asamblea más nacional, más argentina y más representativa que haya existido jamás en nuestra historia”. Fue la construcción de una nación sustentada en el diálogo en la defensa de los intereses republicanos por sobre cualquier otro proyecto de poder con personalismos que desvirtuaron aquel ideal.
Cerca del bicentenario del Congreso de Tucumán y en momentos en que la Argentina está reafirmando su vocación republicana a través de la necesaria alternancia en el poder que fortalece a la democracia, es necesario reflexionar en torno a la lección de patriotismo que nos legaron los próceres de la gesta independentista. Ellos dejaron un legado para erigir un verdadero Estado de derecho donde estuvieran los hombres más lúcidos en la conducción y no figuras providenciales en procura de imponer modelos que lesionan los ideales de libertad e independencia de los artífices de la independencia.
