Hay gente que es patrimonio de la humanidad por el aporte que a ella ha hecho. Gente con luz propia, que no se propuso ser radiante, pero lo es por su propio peso y a pesar de su humildad.
Se ha ido Florentina Gómez Miranda a pocos meses de llegar al siglo de vida, con curiosa coincidencia con otros grandes exponentes de la cultura y la vida cívica (Alicia Moreau de Justo, Enrique Cadícamo, Ernesto Sábato), que también redondearon un siglo ilustre en la vida argentina.
Fue una destacada diputada nacional, quizá muy pocos como ella. Se asegura que presentó más de 150 proyectos, todos de fuste, destinados a legislar sobre temas fundamentales ligados a derechos sociales, entre los que se destacan la ley de cupo femenino, el de patria potestad compartida, la pensión al viudo, la pensión a la cónyuge divorciada, el derecho de pensión para la concubina y concubino, etc.
Quienes tuvieron la suerte de conocerla desde niños sostienen que "trabajaba con su ventana abierta en verano y las cortinas abiertas en invierno", su casa era para todos los chicos una especie de culto. "Ahí vive la Dra. Radical", decíamos. En fin, siento una profunda, una muy profunda pena por su desaparición física, sólo física, ya que, cada vez que pase por el barrio de mi niñez, miraré esa ventana y esperaré la mano gentil que, seguramente con su amor, nos evitó algún reto de mamá. Ya de grandes le decíamos Diputada con muchísimo respeto y amor. Querida Dra., seguramente los ex chicos de la cuadra, la vamos a extrañar.
Siempre he fustigado ese preconcepto que coloca a todos los políticos en un lugar de descalificación. La política -a pesar de muchos ejemplos negativos- construye los países y delinea su idiosincrasia. Es absurdo hacer pagar a justos por pecadores. Eso nos coloca en un callejón sin salida, que significa pensar que los buenos somos sólo nosotros.
Ejemplos de dignidad y prestigio en la política hay a montones, gracias a Dios. A partir de ellos, y separando la paja del trigo, es posible (y necesario) seguir creyendo en la esencia de la política, búsqueda del bien común, abnegado sacrificio por los otros.
Doña Florentina: No olvidaré jamás su enorme ejemplo cívico ni si figurita frágil de hace pocos meses, desparramando ética y calidad humana ante un auditorio de gente respetuosa que la escuchaba por un canal televisivo. La vida cierra con ejemplos y sacrificios dignos. Hubiera querido, fervientemente, ser uno de esos chicos porteños que recibían sus caricias, y verter sus mismas lágrimas.
