El reciente crimen de Emanuel Vázquez, un joven bonaerense recuperado de la droga e hijo de una de las fundadoras de la "Red de Madres contra el Paco", volvió a instalar la conflictiva realidad de las familias en las que alguno de sus miembros consume esa droga.

El residuo de la cocaína, conocido como "paco", aparece asociado a la última crisis socio-económica que sufrió el país y en apariencia vino para quedarse. Es una droga que afecta a los segmentos más vulnerables de la sociedad: niños y jóvenes, y entre ellos a los de nivel educativo y económico menos favorecido.

Se trata de una droga estimulante del sistema nervioso central, cuyo componente activo es el alcaloide cocaína, proveniente de una planta Erytroxylon Coca, al que adulteran con componentes como cafeína, manitol, y bicarbonato de sodio, entre otros. Ingresa al organismo luego de ser fumado, con el objeto de obtener euforia y placer; pero tiene un efecto tan efímero como deletéreo para todo el cuerpo, lo que genera una rápida dependencia, con aumento de la frecuencia de su uso, llevando a las personas a consumir decenas de dosis diarias.

En los minutos que siguen a su absorción, aparecen los efectos sobre el sistema nervioso central, con riesgo de pérdida de conocimiento y convulsiones; luego se afecta el sistema cardiovascular, con alteraciones del ritmo cardíaco y aumento de la tensión arterial, poniendo en riesgo la vida. Si se asocian bebidas alcohólicas u otras drogas, el efecto perjudicial se multiplica. Con el uso prolongado, aún en el corto tiempo, el deterioro neurológico y por tanto intelectual del sujeto se hace evidente, se acompaña también de alteraciones pulmonares y cardíacas, marcada pérdida de peso y estado de abandono personal.

Es imposible no comprender entonces el efecto y la impronta social que el consumo de paco involucra. Para tener éxito en la lucha contra esta droga, se requieren lazos familiares firmes y continentes: los padres no deben abdicar de su función de padres. Pero también se necesita que el Estado se ocupe más de la promoción de la salud y de las actividades saludables, y la sociedad en su conjunto deberá comprometerse entonces, incrementando el nivel de participación y acompañando a las instituciones de salud, en la prevención de este tipo de enfermedades.

Resulta inquietante el dato que brinda la Federación de ONG destinadas a la Prevención y el Tratamiento del Abuso de Drogas (Fonga): en Argentina, el número de pacientes en tratamiento por paco aumentó un 400% en los últimos tres años.