La realidad es que nadie esperaba en estos momentos una renuncia al trono del Rey de España. Los españoles venían restando confianza a Juan Carlos I desde hace por lo menos cinco años a raíz de su comportamiento privado, a lo que se sumó el caso de corrupción protagonizado por el esposo de la infanta Cristina. A lo largo de treinta años, el monarca contó con más del 60 por ciento de popularidad, más allá de una minoría antimonárquica que siempre existió y que creció en Cataluña y el País Vasco, dos de las 17 comunidades autónomas en las que está dividida España y donde se hacía más difícil la presencia de la Corona como institución del Estado.
La noticia de la abdicación golpeó fuerte en el gobierno de Mariano Rajoy, apenas una semana después de las elecciones europeas que significaron un terremoto para la tradicional clase política española e incluso de varios otros países europeos donde triunfó la ultraderecha. En esta península, un grupo novedoso calificado como "movimiento antisistema” que viene de los célebres indignados se presentó en las elecciones, con el nombre de "Podemos” bajo el liderazgo del joven profesor Pablo Iglesias y humilló al gobernante Partido Popular y al segundo, el Partido Socialista Obrero Español, cuyo secretario general, Alfredo Rubalcaba, tuvo que renunciar. No es casual que la salida del rey se produzca en estos momentos, más allá de los argumentos que él mismo ha dado en su mensaje final, hace unas horas.
Ahora reinará Felipe de Borbón y Grecia como Felipe VI, y tras él una vida reconocida por la ciudadanía como la de un joven estudioso, disciplinado y respetuoso de la democracia y en primer lugar de la Constitución. Tuve oportunidad de conocerlo de cerca en un viaje de Estado que realizó entre Madrid y Santiago de Chile, a mediados de los años ’90, a bordo de un avión militar en el que también viajamos cuatro periodistas acreditados en la Casa Real. En dos ocasiones se acercó a nosotros a bordo, y mantuvo una relajada conversación que si bien no podía grabarse, se permitió trascendiera luego en los medios. Se notaba, ya cerca de los 30 años, un joven muy preparado, que demostraba su aprendizaje familiar, sobre todo de su madre, la reina Sofía, y de su paso por la universidad española, de los Estados Unidos y también de los cursos sobre actualidad europea que cumplió durante dos años en Bruselas, sede de la Unión Europea. Ha mantenido reuniones periódicas con distintos grupos de jóvenes españoles y ha representado al rey en muchas ocasiones sin que se conozca polémica alguna. Sus diferencias con los reyes han sido sobre la elección de la novia y futura esposa que, en alguna ocasión, provocó una amenaza de renuncia a sus derechos dinásticos, pero que cedió a pedido de su madre, auténtica rectora en su vida. Su esposa, Letizia Ortiz Rocasolano, como se sabe una inteligente ex periodista del área internacional de TVE1 (primer canal de Televisión Española) es una mujer de carácter difícil, que nunca colmó de alegría a la reina, y muchos menos a sus cuñadas, las infantas Elena y Cristina. Un problema importante que deberá sortear ahora el nuevo rey es la reforma de la Constitución para permitir que sus hijas, las infantas Leonor y Sofía, puedan acceder al trono en su reemplazo llegado el día, ya que aún rige la Ley Sálica de Carlos III que obliga a que el sucesor del rey deba ser un varón.
La vida de España no cambiará por el cambio de rey, pero si el ánimo de los "españolitos de a pie”, como llaman ellos al ciudadano medio. Precisamente en las últimas semanas se conocieron encuestas en todo el país donde la figura del príncipe Felipe aparecía favorablemente por encima de su propio padre y de los máximos dirigentes políticos. En esos sondeos un alto porcentaje de jóvenes aprobaba el papel de Felipe, lo que hacía suponer que con él en el trono, la imagen de la monarquía podía mejorar considerablemente.
Por otra parte, Felipe de Borbón y Grecia está formado en lo familiar a imagen y semejanza de su madre, nacida princesa griega, pero por cuyas venas también corre sangre alemana, inglesa y rusa. Es decir, no hay dudas que el nuevo rey tiene poco de Borbón, y su carácter, como lo ha demostrado ya, difiere de lo ciertamente informal que demostró ser su padre. Pero posee una sencillez que lo hace muy cercano a los españoles. Se viene un reinado distinto, más auténtico en lo formal y con menos hipocresía, si tenemos en cuenta que la actual pareja real ya prácticamente no convivía, pero tenía que demostrar que su relación no se había roto "por el bien de la monarquía”. Asimismo, es seguro que Sofía, probablemente como "reina madre” o con otro título que disponga su hijo, nunca dejará de aconsejarlo, por lo menos hasta que su nuera, la nueva reina consorte Letizia, lo permita.
(*) Periodista. Autor de "Vida de Reyes”.
