Es cierto que no es poca cosa lo que consiguió España y la Iglesia Católica para que los hermanos Castro sacaran de las cárceles a varias decenas de disidentes políticos, entre ellos casi una veintena de periodistas independientes. Pero no se puede tildar de avance en derechos humanos al destierro de los presos en España ni mucho menos que persistan los castigos por tratar de que haya algún tipo de libertad en la isla, así sea de expresión, de prensa, asociación y reunión; ni que hablar de política
Lo que llama poderosamente la atención es el giro del gobierno cubano, retrotrayendo al país a 1959, cuando los líderes hoy en el poder bajaron de las sierras para poner fin a la degradada sociedad cubana liderada por Fulgencio Batista. Hoy, el gobierno insiste en la necesidad de abrir sus puertas a dos millones de turistas al año, ruega por inversiones extranjeras y para que un millón de cubanos se vuelquen a la actividad privada. El régimen tardó 51 años en darse cuenta de que el comunismo lo único que ha traído a la isla es esclavitud, propaganda, miseria, infortunio y vagancia.
Las nuevas actividades e inversiones necesitan de libertad. Mientras el gobierno mantenga su mano dura, difícilmente puedan aflorar dos componentes esenciales para el ser humano para sobreponerse a cualquier adversidad: creatividad e innovación. La Unión Europea dio un excelente paso sobre Cuba al negarle un reconocimiento y apertura que el régimen reniega y no se merece.
Tampoco Barack Obama se dejó engañar por los espejitos de los hermanos Castro yéndose de boca e intensificando las relaciones con Cuba. Reconoció que el gobierno de la isla no está haciendo lo suficiente ni viene demostrando que ha empezado a respetar los derechos humanos o la libertad de prensa y de expresión como se le reclama desde hace décadas.
Liberar mediante destierro a los disidentes y presos políticos no es liberar, a pesar de que los defensores de las políticas cubanas o los contrarios al embargo impuesto por Washington así lo quieren hacer ver. El diario Granma viene insistiendo -apoyado por el bla bla bla de Chávez- que Cuba perdió millonarias inversiones estadounidenses en las últimas décadas debido al embargo. Pero olvida decir que los ciudadanos cubanos han perdido por ese mismo tiempo el sagrado valor de la libertad y el libre albedrío.
Cuba debe hacer más cambios económicos y liberar a todos los presos políticos, cuyo número ha aumentado marcadamente según hace un par de semanas lo reportaron las Damas de Blanco, quienes reclamaron que hay más disidentes de lo que se pensaba pudriéndose en las cárceles. El gobierno de los Castro comenzó en junio, mediante la intervención de la Iglesia Católica, a desterrar disidentes hacia España, y si bien esa, dentro de todo, es una política positiva, habrá que ver cuán duradera es a largo plazo. El comunismo cubano no tiene credibilidad, ya que en diferentes épocas de su proceso ha liberado presos políticos, o abierto sus fronteras para quitarse presión, pero siempre fue una actitud momentánea; de torniquete.
Obama debería esperar más tiempo antes de tomar una decisión ya que ni siquiera se sabe si fue positivo el hecho de que haya levantado las restricciones a los viajes de los cubanos familiares y a las remesas familiares, así como el otorgamiento de visas culturales. Los hermanos Castro quieren seguir manteniendo presos a los cubanos. Por eso vale la pregunta: ¿no se es cómplice, acaso, facilitarle los medios económicos para conseguir esos fines?
