La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), se encuentra en un punto de inflexión en el que sus autoridades deben replantear las estrategias a seguir para adaptarse a los cambios sociales, económicos y geopolíticos que se vienen produciendo en el dinámico campo donde desarrolla su actividad.
El replanteo de la tarea del organismo de la ONU lo reafirmó su directora general, la educadora búlgara Irina Bokova, consciente de que es necesario y urgente repensar el fundamento del trabajo futuro, a fin de adaptarse a las exigencias y desafíos del siglo XXI, en el que la cultura de la paz es distinta a la que existía cuando se fundó el organismo hace más de 60 años. El desafío de la Unesco es avanzar hacia un papel diferente pero siempre de liderazgo intelectual y moral basado fundamentalmente en la educación y en las carencias sociales.
Según la titular del organismo, "hoy en día los conflictos y la intolerancia están en nuestras ciudades, con la enorme diversidad cultural que existe con la inmigración y el cambio demográfico, y por eso hay que ver cómo podemos contribuir a que la cultura de paz se implante en las sociedades”. Esa cultura está asociada al desarrollo de las economías en los países emergentes, como los de América latina, razón por la que la organización ha puesto especial énfasis en su tarea de mejorar la educación en los niveles primarios y secundarios.
En las metas de futuro juegan un papel muy importante la paz, el desarrollo sustentable y fundamentalmente la enseñanza, ya que por primera vez, tal vez en la historia moderna de las Naciones Unidas, la educación está puesta con todo el peso y la responsabilidad política en la prioridad social, de acuerdo a los lineamientos impuestos por la experta diplomática búlgara, que se encuentra al frente de la Unesco desde 2009 y es candidata a la reelección.
Claro que las buenas intenciones para este resurgir de la Unesco también deben ser acompañadas por los recursos presupuestarios, una coyuntura problemática desde que le fueron retiradas las contribuciones de algunos de los 58 estados miembros, como EEUU e Israel, luego aceptarse el ingreso de Palestina a la Unesco como Estado miembro de pleno derecho, el 31 de octubre del año pasado, lo que produjo una ruptura con castigo económico para el Consejo Ejecutivo. Es la principal traba para sostener los numerosos programas sociales y culturales, en particular los implementados en los países emergentes.
