La Santa Sede acaba de reconocer oficialmente la existencia del Estado de Palestina, en virtud de un acuerdo global bilateral que dará lugar a un concordato general destinado a regular las relaciones entre la Iglesia Católica y la autoridad palestina, tal como lo hicieron otros 134 países, entre ellos la Argentina, en el marco de la Organización de las Naciones Unidas, pese al rechazo de Israel.
Más allá de este trascendente reconocimiento, la diplomacia vaticana ya viene empleando el término de Estado de Palestina, como en oportunidad del viaje del papa Francisco a Tierra Santa, en mayo del año pasado. También se usó tal denominación en junio de 2014, durante el encuentro de Bergoglio con el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas (Abu Mazen), y el presidente de Israel, Simon Peres, para orar juntos por la paz en una ceremonia histórica.
Las relaciones diplomáticas entre el Vaticano y la Autoridad Nacional Palestina se establecieron en 1994 y el voto de las Naciones Unidas en noviembre de 2012, que reconoció al Estado de Palestina como observador no permanente por 134 votos a favor, 9 en contra y 41 abstenciones, consolidó el camino hacia el reconocimiento oficial, según lo anunciado en Roma. En los últimos años esta jerarquización no sólo ha sido establecida por la asamblea de la ONU sino también por el Tribunal Penal Internacional, para asimilarla con la defensa de la solución de dos Estados.
Es decir, es el concepto básico de llegar a una solución pendiente desde la partición, en 1947 del territorio del desaparecido Imperio Otomano donde hoy se asienta Israel, de manera que el largo conflicto entre israelíes y palestinos se solucione con la creación de dos Estados democráticos que convivan en paz y seguridad mutuas. El avance de Roma se sitúa en un nuevo orden general respecto a los factores de poder en Medio Oriente, a pesar de la reacción del gobierno del premier conservador Benjamín Netanyahu, que se declaró "desilusionado" por el anuncio. En realidad es otro retroceso que aisla cada vez más a los israelíes por la resistencia a una institucionalización definitiva de sus vecinos.
El Vaticano no incursiona en litigios geopolíticos sino encuadra su visión en aspectos de la vida y la actividad de la Iglesia en Palestina, por ello este reconocimiento para afianzar la posición de la Santa Sede, como también negocia con Israel un tratado apuntando a la libertad religiosa y de conciencia, y los aspectos cotidianos de la vida católica en la zona.
