El robo de la recién nacida de Maternidad del Hospital Guillermo Rawson sacudió a los sanjuaninos como hacía mucho tiempo no ocurría. Se trata -y tal vez esa sea la explicación- de la incapacidad evidente del Estado para proteger la vida cuando más vulnerable está. Y ya no interesa si intentaron robar la nena o si la madre y el padre quisieron deshacerse de la niña, el caso es que alguien se propuso evadir los controles y lo logró. Hasta hace algunos años estos dramas se justificaban por la falta de estructura: edificios viejos sin vigilancia y con salidas y entradas por todas partes, espacios abiertos con interminable cantidad de camas, etc. Como se sabe, hoy todo eso ha cambiado por los millones de pesos invertidos en infraestructura. Entonces, ¿dónde está la falla? Es probable que no se haya invertido la misma cantidad de esfuerzo y recursos en el factor humano y es ahí donde se debería empezar a trabajar o mejorar lo que ya se ha hecho. Para mejorar hay ejemplos y muy buenos, como la carrera de seguridad para policías que se dicta en la Universidad Católica o la preparación previa que se hizo con los contratados que pasaron a planta permanente. En torno a otros problemas que ya hubo en el hospital, el ministro de Salud Oscar Balverdi les reclamó a los directivos de los hospitales más diálogo con los pacientes y sus familiares y que se hagan cargo del puesto que ocupan, cuestiones que deberían acatar los profesionales sin necesidad de una capacitación o un curso, sino atendiendo el sentido común y la educación, algo que no pocos han olvidado, se nota. "Hay algunos que tienen que tomar conciencia de que son jefes porque cobran como tales", aseguró Balverdi. Es real la afirmación oficial, aunque insuficiente para solucionar el problema.
El único antecedente con el que se cuenta para comparar el caso de esta semana, ocurrió en noviembre de 2005, cuando una mujer disfrazada de médica sustrajo una pequeña de la sala 18 de la vieja Maternidad del Rawson, ese viejo edificio al que se accedía por calle General Paz pasando avenida Rawson. A la pequeña la hallaron al otro día en manos de otra familia y la responsable fue detenida inmediatamente. Si algún lector recuerda ese viejo servicio de Maternidad y visitó el nuevo hospital se dará cuenta de las diferencias entre ambos lugares: actualmente en todo el edificio del Rawson hay 7 policías, 2 en Urgencias y 5 distribuidos en el predio, además hay unos 27 vigiladores privados de la firma ‘Hunter’, también varias cámaras -no quisieron revelar el número exacto- apostadas en lugares estratégicos cuyo monitoreo está a cargo de un guardia ubicado en la sala de video en el subsuelo del Rawson. En Maternidad hay unas 14 cámaras y 2 vigiladoras fijas y una tercera de apoyo: una mujer custodia quien entra y sale y revisa los bolsos de quienes se retiran. También controla las pulseras numeradas de pacientes y bebés que se van a casa y quién les dio el alta. Las otras 2 recorren habitaciones y pasillos del sector y Ginecología. Antiguamente las salas contenían a una inmensa cantidad de camas a las que se accedía por una puerta donde había -a veces- un policía custodiando. Los familiares de las pacientes tenían que esperar en un pasillo por donde también salían y entraban las ambulancias. Es decir, muy lejos de lo que hoy se ve, aunque en materia de seguridad siguen pasando las mismas cosas, lamentablemente.
El ministro dice que las malas atenciones en los hospitales públicos se deben a casos aislados, y que los medios terminan enfocándose en esas situaciones y no en los miles de problemas que se solucionan con éxito pero sin publicidad. Indudablemente es así, porque de lo contrario se estaría viviendo un caos total y no todo está mal. No hay dudas de que en la Salud Pública hay gente que se esmera por hacer bien las cosas, incluidas las autoridades desde el ministro para abajo. Y es verdad también que se ha avanzado mucho, más que nunca, en la historia de esta provincia. Pero también es verdad que todavía hay gente que va a la puerta del hospital en invierno a las cuatro de la madrugada para obtener un turno en los consultorios externos, también es verdad que en los hospitales de la periferia no se encuentran todas las especialidades, que hay médicos que trabajan dos horas sin que a nadie le importe, que hay secretarias que están en puestos por favores políticos y no por haberse capacitado y, bajo esa condición, terminan tratando a la gente como animales y no como personas, etc. En fin, con la cantidad de plata que se ha invertido, Salud Pública tiene una inmejorable chance de cambiar todo lo que aquí se describe, ojalá puedan hacerlo, por el bien de todos los sanjuaninos.
