Al haberse cumplido el 420º aniversario de la Fundación de la Provincia de La Rioja, el Centro de Residentes Riojanos en San Juan, evoca este acontecimiento que nos lleva avizorar un punto de referencia de la radicación en esta provincia de nuestros comprovincianos, cobijados y hermanado en afanes compartidos.
La fundación de ciudades, eran actos que poseían similares protocolo previamente establecidos por la corona española y estaban impregnados de una profunda religiosidad y obediencia. Los sitios que se elegían para tal fin debían poseer características como tierras para los cultivos, ríos o surgentes y protección natural contra los indígenas, quienes se sentían avasallados en sus derechos de propiedad, lo que hasta hoy perdura en forma manifiesta por las distintas comunidades aborígenes.
En nuestra querida provincia de La Rioja siempre fuimos castigados por la naturaleza, con sequías que por años afectaban la producción de la misma tierra que en épocas pródigas ofrece sazonados frutos que hacen borrar la imagen desértica que la caracteriza. Pero todos los habitantes riojanos, mantienen intacto el amor al terruño y a sus ancestros, y hacen culto de la hospitalidad transmitida desde la curia como una herencia inmanente que simboliza la autenticidad heredada. La Agrupación de los Residentes Riojanos en San Juan, siente la necesidad de exteriorizar esta herencia, con actos saturados de amor y agradecimiento al pueblo sanjuanino, aunando creencias populares de ambas provincias, como una remembranza de aquellos habitantes que dieron lugar a la formación de ciudades que preservan como un legado espiritual en éstas celebraciones. Entre ellas figuran El Tinkunaco, fenómeno de sincretismo cultural y religioso en La Rioja, y la Fiesta del Sol en la provincia de San Juan, como expresión de adoración y reverencia a la naturaleza que conlleva la fe y la religiosidad que los caracteriza.
Tinkunaco, proveniente del verbo quichua -Tinkunakuy- (encontrarse) es una expresión de auténtica religiosidad, en los tiempos de la conquista colonizadora de América, por parte del Imperio Español.
El gestor del encuentro de las dos razas fue San Francisco Solano, español, apóstol de los aborígenes y defensor de sus derechos. Él logró, que españoles y aborígenes depusieran las arman y aceptaran la paz. Comprometió a los colonizadores a tratar a los aborígenes como persona y como hermanos, puesto que todos somos hijos del mismo padre, Dios. Así nació el Tinkunaco, como un acto de fe; un pacto de paz; un hecho fraterno bajo la mirada del altísimo, en el que el diaguita y el español se encontraron para dar nacimiento al pueblo riojano.
Actualmente, riojanos y sanjuaninos, estamos mas unidos que nunca, por las acciones llevadas a cabo en el aspecto cultural, comercial y por la geografía misma que nos consolida como vecinos asentados en una misma conformación geológica.
Hemos recordado ayer el aniversario de nuestra querida La Rioja, la cual fue fundada por Don Juan Ramírez de Velazco, un 20 de Mayo de 1591. Es por eso que el aire se saturó ayer con la música del himno secular de Vallecito de Huaco y la Chaya Riojana que se entremezclaron hasta conformar un solo deseo de eterna y permanente buenaventuranza. Dios bendiga a los pueblos de nuestra patria argentina.
