Apuntan los historiadores que la devoción a la Virgen de la Carrodilla en la zona de Cuyo germinó a partir del arribo a la provincia de Mendoza de un comerciante español llamado Antonio Solanilla. Llegó a la "’ínsula cuyana” -como llamaba el Libertador a Mendoza- luego de la Revolución de Mayo, adquiriendo una finca en Luján de Cuyo. Al poco tiempo erigió en ella un pequeño santuario, con la imagen traída desde España, en honor a esta advocación mariana, de la cual era muy devoto y por ende fue portador de su culto.

En realidad se dice que el nombre original fue "’Virgen de la Carrocilla”, una veneración española, protectora de los trabajadores, que en su nacimiento y como muchos otros, se relaciona a un suceso sobrenatural. Según la tradición fue en Aragón, durante el Siglo XVII, cuando a un grupo de mineros súbitamente se les apareció la Virgen sobre una tosca carroza que ellos utilizaban en sus quehaceres propios. De este objeto (carroza) deriva el nombre de aquella advocación. También se cuenta que la Virgen llevaba en una de sus manos un racimo de uva, el cual representaba la abundancia.

Retornando a Mendoza, aquel santuario instituido por Solanilla pasó a ser un importante centro devocional, ya que la gente de la zona dedicada a las viñas y otras actividades agrícolas interpretó aquel racimo de uva sostenido por la imagen, como un hecho prodigioso pues se vinculaba con sus viñedos y se sintió cobijada por aquella Virgen, más aún cuando en una ocasión les salvó la cosecha de una fuerte tormenta, transformándose en la sagrada protectora de sus frutos de todas las contingencias climáticas, desde las sequías hasta las heladas a destiempo.

Igualmente el culto se regionalizó semánticamente, pues comenzó a denominarse Virgen de la Carrodilla. Poco a poco la devoción creció, edificándose un templo más amplio, institucionalizándose su culto y designándosela +Patrona de los Viñedos+ en 1938. Si bien la devoción es propia de los mendocinos, su área de influencia es todo Cuyo, ya que también existen templos en San Luís y San Juan, como el pintoresco templo artesanal albardonero en "’Las Tierritas”.

Un hecho folclórico, y que indudablemente acentuó su religiosidad fue la famosa canción "’Virgen de la Carrodilla”, compuesta por don Hilario Cuadros y don Pedro Herrera. La mencionada canción se transformó en una especie de "’himno” en honor a la Virgen, cuyas coplas son cantadas especialmente y con gran solemnidad en cada fiesta de la vendimia.