La prolongada reunión a puertas cerradas del papa Francisco con el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y otros funcionarios del organismo mundial, fue trascendente porque a diferencia de las acostumbradas gestiones diplomáticas y políticas en el escenario global, el jefe de la Iglesia Católica les hizo ver la necesidad de involucrarse con mayor intensidad en la causa social.
El papa Bergoglio instó a la ONU a poner en marcha medidas que incidan sobre los problemas estructurales de la pobreza y del hambre que afectan a millones de personas, para lo cual reclamó que se debe trabajar con fuerte decisión para ayudar a lo calificó de "una parte importante de la humanidad” que continúa excluida de los beneficios del progreso y relegada a seres de segunda categoría. También instó a las Naciones Unidas a aprobar programas que consigan mejoras sustanciales en materia de preservación del ambiente, que garanticen un trabajo decente y útil para todos y den una protección adecuada a la familia.
Francisco requiere que el organismo multilateral promueva lo que señaló como una "movilización ética mundial” que acabe con las desigualdades y difunda un ideal común de fraternidad y solidaridad, más allá de cualquier diferencia de credo o de
posiciones políticas, a fin de difundir y aplicar un ideal común para asistir a los más pobres y excluidos el planeta.
El encuentro de Francisco con Ban Ki-Moon se esperaba con expectativa, luego de que los principales líderes mundiales estuvieran en el Vaticano y elogiaran la renovada transformación de la Iglesia, con una apertura atípica y profunda defensa de la inclusión social. También porque en febrero último el Comité de la ONU encargado de proteger los Derechos del Niño, criticó en un comunicado a la Santa Sede por no haber reconocido con la amplitud necesaria los casos de abuso sexual cometidos por miembros de la Iglesia. La respuesta del Papa fue el 11 de abril pasado, en una alocución improvisada, donde pidió perdón públicamente por los ataques sexuales cometidos en el mundo por sacerdotes y afirmó que la Iglesia no daría ningún paso atrás al abordar esta delicada cuestión.
De ahora en más será la Organización mundial la que deberá dar respuesta a la exhortación de Bergoglio con hechos que prueben el camino de la ética propuesta.
