La trama del derecho humano en un contexto social que batalla constantemente en el ámbito del bien común es una problemática que ocupa en la Iglesia un lugar de prioridad en los últimos tiempos, siglo XX y siglo XXI.

El hecho de que la temática se haya generalizado internacionalmente con los aportes de figuras con una profunda entrega por el hombre como Nelson Mandela o bien la de la Madre Teresa de Calcuta, no limita que además el tema haya adquirido preponderancia en el ámbito de la política nacional, no sólo por los ataques de lesa humanidad sino que ha ocupado un terreno suficiente y probado por los acontecimientos que hacen peligrar la vida humana.

Desde que las Naciones Unidas a partir de 1948 les da un reconocimiento de universalidad, se refuerza la posición de la Iglesia de proteger a los más débiles haciéndose eco de ello no sólo el papa Francisco sino de igual forma exponiéndose alocuciones sobre la dignidad en los distintos Estados mundiales por los hechos que significaron fenómenos como la guerra o bien los propios del proceso militar sino por lo que a futuro los mismos estados deben garantizar en consecuencia.

La protección de la vida desde su gestación hasta la misma ancianidad presenta en este siglo un desafío para muchos sectores con diversos intereses. Incluido en la temática el avance de la droga, el alcohol y el tabaquismo y otras, a las que se le agregan el tráfico de personas, se reconocen por la compleja situación que las instituciones del orden, la justicia y legislativas deben afrontar.

La tradición de la Iglesia y la discreción de los Estados ponen de manifiesto un acuciante problema que pretende trastocar la misma condición de la naturaleza humana, propiciándose principios o valoraciones que se contraponen con el mismo hombre en su propia perspectiva.

El hecho de que el pensamiento evolucione, que la concepción cristiana amplíe sus fronteras y que el mismo Estado reflexione al respecto, en lo concreto, no significa que los resultados marquen indicadores positivos de cuál es la receta terminal que pondrá fin a los ataques contra la persona.

Si nos ubicamos en el contexto de las aplicaciones prácticas, los fundamentos de una evangelización práctica ya están dados, sólo resta que los Estados diseñen políticas comunitarias de prevención y protección mediante una mayor concientización de los derechos humanos.

Únicamente el pensamiento moral o cristiano ha descubierto lo que es el sujeto personal y no puede haber paradoja alguna en el Estado Público que lo haga modificar.