No es la primera vez que el mundo se enfrenta a una crisis recesiva como la actual. En 1933, los bancos colapsaron y el desempleo se disparó como consecuencia del derrumbe de Wall Street. Los líderes mundiales se reunieron en Londres buscando una salida y Franklin Roosevelt condenó a los "viejos fetiches de los así llamados banqueros internacionales".
Los años 30, y la década siguiente, pasaron a la historia como una dura alerta para las generaciones futuras sobre lo que sucede cuando el conflicto internacional triunfa por sobre la cooperación y la negociación.
Para 2009, el pronóstico de crecimiento global es de sólo 0,5%, el más bajo en 60 años. En este contexto, la próxima Cumbre de Londres, el mes próximo, que reunirá a las 20 economías más desarrolladas -Argentina participa como invitada-, cobra una trascendencia fundamental ante las próximas décadas.
El G-20 debe abarca diversas áreas, pero entre sus prioridades está la construcción de un sistema de alerta temprana, para prevenir crisis, y trabajar por el equilibro del crecimiento global para que nadie quede rezagado.
En el nivel macro, el FMI debe fortalecerse para contener las crisis y volver a poner en línea el acuerdo comercial de Doha, de manera que funcione tanto para las economías del G-20, como para las economías del mundo en vías de desarrollo.
Barack Obama señaló que debería comenzar una era de la responsabilidad. La próxima reunión del G-20 puede sentar las bases de una cooperación más fuerte, donde la retórica ceda espacio al compromiso real.
