El principal órgano judicial de la Organización de las Naciones Unidas, la Corte Internacional de Justicia con sede en La Haya, países bajos, acaba de cumplir su 70 aniversario con rico historial en la contribución a afianzar el Estado de derecho internacional, gracias a una eficaz intervención en casos donde las actuaciones diplomáticas o políticas han fracasado.
El éxito obtenido por el Tribunal, a partir de la tarea desarrollada desde abril de 1946, se debe a que ha preservado su carácter apolítico dentro del sistema de la ONU, pese a las ideologías e intereses que representan los Estados sometidos a esa jurisdicción. Y todos han aceptado las sentencias sobre fronteras terrestres, delimitaciones marítimas, soberanía territorial, la disuación del recurso de la fuerza, las violaciones del Derecho Humanitario Internacional y la no injerencia en asuntos internos de los países. También ha resuelto situaciones conflictivas de las relaciones diplomáticas, la toma de rehenes, el derecho de asilo, la nacionalidad, la tutela, el derecho de paso y el derecho económico.
En estas siete décadas el mundo ha cambiado sustancialmente y esto se refleja en el trabajo de la Corte de La Haya, en particular en el tipo de casos que juzga, dado que ahora tiene disputas en nuevas áreas, como el derecho medioambiental internacional, por ejemplo, y viene actuando en un número creciente de casos sobre violaciones a los derechos humanos y el Derecho Humanitario. Esto permite acrecentar los principios del Tribunal de trabajar por la paz mundial impartiendo justicia, verdadero sentido de su creación. Precisamente la necesidad de resolver disputas pacíficamente y acorde al Derecho Internacional, nunca ha sido más urgente como ahora.
