A la Justicia se la critica a veces por fallos que aparentemente carecen de lógica, o están divorciados del sentido común cuando la frialdad de la jurisprudencia ignora el factor humano. Sin embargo un fallo de la Cámara del Crimen porteña muestra un perfil que se compadece con la realidad, al confirmar el sobreseimiento a favor de un indigente que intentó llevarse alimentos sin pagar de un supermercado y al ser sorprendido explicó que lo había hecho porque "tenía hambre”.

Ayer se supo que la Sala Quinta del tribunal confirmó el fallo del juez en lo Correccional Walter Candela, quien dispuso la medida en favor de Germán Ramiro González, un ocasional cartonero en condición de calle, acusado del delito de hurto en grado de tentativa.

Los magistrados sostuvieron que la acción del indigente estuvo justificada en su necesidad alimentaria apremiante para su salud, ampliando así el fundamento del sobreseimiento de la primera instancia, sustentado en la insignificancia de los bienes que se pretendieron sustraer sin el ejercicio de la fuerza ni de la violencia. Por ello, los jueces Ricardo Pinto y Mauro Divito, fueron más allá y determinaron que la prueba adquirida en la instrucción no permite desechar la justificación que el imputado invocó bajo los siguientes términos: "le expliqué que sólo tenía hambre”.

Los camaristas observaron la particular vulnerabilidad social del acusado, por cuanto su situación de calle lo obliga a concurrir diariamente al un parador y él mismo calificó su condición de vida como "mala”, ya que ocasionalmente cartonea. La consideración de los jueces se resume en que aquello de lo que procuró apoderarse fue, exclusivamente, de alimentos para subsistir.