Los encuestadores coinciden en que los republicanos necesitarán entre el 40% y 44% del voto hispano para ganar la presidencia en 2016, mucho más que en las últimas elecciones. El candidato republicano más reciente, Mitt Romney, perdió en 2012, porque solo obtuvo el 27% del voto latino. Hay pocas dudas de que Bush es, entre los actuales aspirantes republicanos, el que ganaría más votos latinos: es el único que habla español en su casa, ha vivido en México y Venezuela, se graduó en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Texas, tiene amigos y socios cubanoamericanos desde que se mudó a Miami en 1980.

Aunque los republicanos Marco Rubio y Ted Cruz tienen padres cubanos, y Rubio habla fluidamente español, no tienen una esposa mexicana ni tampoco hijos que puedan hacer campaña en español. Tampoco vivieron en América latina. Pero, a pesar de todo esto, Bush tendrá una batalla cuesta arriba para obtener más del 40% del voto latino, y ganar en 2016. Los demócratas y los grupos proinmigrantes lo están criticando por pertenecer a lo que denominan "el partido de las deportaciones”, y dicen que el candidato está dando marcha atrás en sus posturas moderadas en materia inmigratoria.

Los demócratas atacan a Bush porque se ha manifestado repetidamente contra el decreto de Obama que suspendió las deportaciones de 5 millones de indocumentados. Esto pone a Bush a contramano de millones de votantes hispanos que tienen familiares y amigos beneficiados con la medida.

Además, Bush adoptó el mantra de los republicanos conservadores de que "tenemos que asegurar la frontera” antes de hacer una reforma migratoria. Eso no solo sería una pérdida de dinero, porque la inmigración ilegal desde México se encuentra en un mínimo histórico, sino una excusa de los republicanos para no hacer nada con respecto a los 11 millones de indocumentados que ya están en el país.

También Bush dio un paso atrás a su anterior apoyo a un eventual camino hacia la ciudadanía de los indocumentados, al escribir en un libro publicado en 2013 que apoya un camino legal a la residencia permanente para los inmigrantes, pero no a la ciudadanía. Y apoya muchas posturas conservadoras como la oposición al Obamacare, el programa de cobertura universal de salud, y el aumento del salario mínimo, a contramano del sentimiento de los latinos, apuntan con razón los demócratas.

Mi opinión: La prueba clave para la candidatura presidencial de Bush será si puede resistir la tentación de volcarse más a la derecha en temas de inmigración para ganar las primarias republicanas. Si Bush puede ganar la nominación republicana manteniendo posturas proinmigración, convenciendo a los votantes republicanos en Iowa y otros estados norteños de que -estén de acuerdo con él o no- es su mejor esperanza para que el Partido Republicano llegue a la Casa Blanca, tendrá una oportunidad de ganar en 2016. En cambio, si -como es muy probable- vira a la derecha en las primarias porque piensa que es la única forma de ganar la candidatura republicana, tal como lo hizo Romney, está condenado a perder el voto hispano, y las elecciones de 2016.