Si mi equipo, Unión de Villa Krause, debiera enfrentar al Barcelona, la Juventus o el Manchester, sin dudas yo estaría en la tribuna alentando a los azules y festejando con fervor cada jugada. Pero sería irresponsable arriesgar mis bienes, el futuro de mi familia o más aún la vida de mis hijos apostando a un triunfo en base al afecto y el cariño y no a la realidad.

Todas las comparaciones posibles entre los dos países que están en pugna favorecen al imperio moderno, porque no olvidemos que el espíritu imperialista también anduvo por el reino de los persas en cuyo territorio hoy viven los iraníes. Hasta fines de los setentas del siglo pasado se consideraron así, fue el momento en que Mohamed Reza Pahlevi, el sha de Persia, su esposa Soraya y sus hijos, fueron desplazados por la revolución islamista que llevó al poder al líder religioso exiliado en Francia, el Ayatollah Khomeini.

La población de Irán es el doble de Argentina y su superficie quince veces la de San Juan pero mucho más pequeña que la de Argentina e infinitamente inferior a la de Estados Unidos.

Ni hablar de su potencia económica, de su ingreso por habitante y mucho menos de su capacidad militar. Hay que reconocer, guste o no, que Estados Unidos ha obtenido logros increíbles en el corto plazo de un par de siglos.

También hay que reconocer que sus habitantes han desarrollado una convicción guerrera rara para esta época, más aun si se tiene en cuenta que gozan de gran abundancia material y podrían vivir en paz aislados en su geografía.

Hubo un pedido incitando a reflexión y diálogo por parte de la Iglesia.

Sus últimos presidentes, a excepción de Trump, han participado en alguna guerra y algunos con calificación de héroes como Kennedy. Otros, como Eisenhawer, fueron comandantes generales en la Segunda Guerra mundial.

Nadie duda de su gran ventaja tecnológica, fue el primero en desarrollar la bomba atómica y hoy ni siquiera necesita soldados de infantería, comandos o kamikazes para aniquilar objetivos. Le basta con activar drones que reconocen rostros y cargan explosivos o mover dispositivos a distancia como los que causaron la muerte del general Soleimani la semana pasada.

Esta nota no pretende analizar aquél escenario porque estamos muy lejos y carecemos de datos propios sino más bien recordar el curso reciente de nuestra política exterior.

Dado que el actual gobierno de Alberto no ha desplegado todavía sus líneas en ese sentido, tenemos que guiarnos por lo último que hizo nuestra cancillería en Medio Oriente. La gestión de Héctor Timmerman, curiosamente judío cuyo padre entregó su libertad por su pertenencia religiosa y su línea periodística, intentó un acercamiento de hermandad con Irán. Propuso y logró la aprobación del Congreso del triste memorándum de entendimiento que pretendía el juzgamiento por la justicia iraní de los autores del ataque terrorista a la Mutual Judía AMIA. Evidente traición disfrazada de ingenuidad por Cristina Fernández en su libro Sinceramente.

Quienes idearon y organizaron aquél ataque a un objetivo exclusivamente civil, seguían en el gobierno de Irán con altos cargos y, supuestamente, se iban a condenar a sí mismos. Absurdo. Ese memo ni siquiera fue refrendado por el Estado iraní para asombro de sus gestores locales como Luis D"Elía, miembro de una suerte de cancillería argentina paralela.

Antes, durante la gestión de Guido Di Tella en la presidencia de Carlos Menem y bajo la influencia teórica de Carlos Escudé, nuestro país estuvo del otro lado cuando envió naves de apoyo simbólico a participar del bloqueo organizado por la OTAN contra Irak, luego de que Saddam Hussein ordenara la invasión a la indefensa Kuwait.

Lo que ahora sabemos es que Felipe Solá, poco calificado para estar al frente de la política exterior, habría recibido de la embajada de EEUU el mensaje de que se espera la no intervención de otros países restringiendo todo a un conflicto bilateral. Tal vez tanto rusos como chinos hayan atendido el mismo teléfono y esa sea la razón por la que no han hecho declaraciones importantes hasta hoy.

Por aquí ya hubo alguna expresión de pedido de reflexión y diálogo, por ejemplo por parte de la Iglesia, pero la mera observación de los hechos permite alguna especulación.

  1. La muerte de Soleimani parece útil al régimen iraní para reforzar el poder de la parte religiosa más dura y acotar a un gobierno civil que iba camino a políticas más blandas.
  2. El hecho también favorece la campaña electoral de Trump, con buenos resultados económicos y acusado sin muchos fundamentos por la oposición demócrata en su país. Una guerra obliga a poner a todos de su lado.
  3. Llama la atención que no hubiera muertos en los ataques de Irán con misiles a objetivos militares de EEUU en Irak, es como si alguien les hubiera avisado o se hubiera seleccionado una mera acción simbólica.
  4. Era lógico que el gobierno de Irán reaccionara, de lo contrario el pueblo se les hubiera rebelado, Soleimani era muy popular.
  5.  Raro que Trump haya hablado para decir sólo que EEUU no tuvo víctimas y apenas escasos daños materiales, estamos acostumbrados a sus habituales bravuconadas por Twitter.
  6. Todos saben que Irán no está en condiciones de llevar adelante una guerra abierta con EEUU, si lo de Soleimani fue una provocación, responder a ella sería carecer de criterio estratégico.
  7. Recordemos que EEUU organizó la OTAN que obliga a todos sus miembros a actuar en conjunto ante el ataque a algún miembro.
  8. La situación actual puede que favorezca transitoriamente a los dos enfrentados: a Irán para que su régimen se siga apoyando en el enemigo externo como tantos otros (Venezuela en nuestro ejemplo regional); a Trump para reforzar sus posibilidades electorales este año. ¿Cinismo? Es posible, nada nuevo para la política de alto nivel. Aunque ahora todo puede cambiar: con el gravísimo error de haber derribado el avión de Ukranian Airlines, grandes manifestaciones se han desatado contra todas las autoridades de Irán, tanto las del gobierno como las religiosas.